Tamaulipas, otra cosa.

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En noticias de Michoacán se lee que según la Cámara Nacional de Autotransporte

de Pasajeros y Turismo (CANAPAT), atribuye a los normalistas de aquella entidad de

representar mayores riesgos para el autotransporte de pasajeros y turismo, que los hechos

violentos relacionados con la delincuencia organizada.

Y es que las protestas y acciones contra la reforma educativa de EPN y la exigencia

de plazas automáticas para los recién egresados de las normales, generaron más pérdidas en

menos de un año que las que ocasionó, en dos años y cinco meses, el crimen organizado a

las empresas que se dedican a prestar el servicio de transporte de pasajeros, sobre todo en la

región de la tierra caliente.

Desde la madrugada del 15 octubre de 2012, cuando la Policía Federal irrumpió en

las normales de Arteaga, Cherán y Tiripetío, con la intención de recuperar 50 vehículos

secuestrados o retenidos por los estudiantes, nueve unidades fueron incendiadas por los

normalistas, presuntamente para utilizarlas como barricadas e impedir el arribo de los

uniformados a las instalaciones.

De esta manera inició una nueva etapa en las manifestaciones estudiantiles, las

cuales ya no se limitaban a retener los vehículos, sino que también les causaban daños

irreversibles.

Guerrero y Oaxaca son también entidades donde los normalistas han sido autores

directos de ataques a transportes públicos y privados. Amén de los bloqueos urbanos y en

carreteras.

Michoacán, Guerrero y Oaxaca además del secuestro de unidades automotrices, se

suma la “retención”, que no el secuestro, de civiles -funcionarios de gobierno -y policías

uniformados y sin uniforme.

Pese a esos malos ejemplos, los estudiantes normalistas de Tamaulipas de las seis

escuelas oficiales y las más de 20 universidades, institutos, escuelas y centros privados en

la formación de maestros, han sabido de cordura en estos tiempos de crisis y cambios.

La historia de Tamaulipas registra que a partir del gobierno del matamorense Tomás

Yarrigntón Ruvalcaba (1999-2004), la federación hizo eco a las solicitudes y exigencias

constantes de que a los egresados de las seis escuelas normales oficiales se les otorgara

plaza en la entidad y no se repartieran por el territorio nacional, puesto que, entre otras

cosas, los jóvenes profesores se desarraigaban de su terruño querido.

Jamás se pensó, por nadie, que el precio que se iban a pagar fuera tan alto, porque la

Secretaría de Educación Pública (SEP) del gobierno federal encontró el motivo para ya no

otorgar plazas a los recién egresados. Las escuelas normales cumplieron su función.

Para completar el cuadro, la chiapaneca Elba Esther Gordillo Morales (1946),

entonces “toda poderosa del SNTE”, declaró al inaugurar el ciclo escolar 2008-2009

que “…no es posible seguir formando docentes cuando no hay mercado de trabajo,

propongo que las normales sean instituciones para técnicos en turismo, técnicos en

actividades productivas, a fin de que ningún mexicano se encuentre sin empleo.”

Al mismo Noé Rodríguez García, como líder magisterial de la Sección 30 y a la

maestra Gannet Saleth Gattás como Secretaria de Educación de Tamaulipas, en épocas del

de “los ojitos verdes”, Eugenio Hernández Flores (2005-2011) les correspondió aplicar el

primer examen de oposición para ingresar al servicio docente.

La misma experiencia la vivieron cada año los funcionarios sindicales y oficiales de

educación y el gobierno federal se vio pésimamente mal cuando no enviaba recursos para

cubrir las plazas de quienes habían ganado el concurso.

Se ha dado el caso de que maestras y maestros victorenses tienen que aceptar solo

cinco horas docentes de secundarias para desempeñarse en escuelas de las ciudades

fronterizas.

Los normalistas de Tamaulipas y sus papás, han sabido guardar la calma. Solo el

Secretario José Manuel Assad Montelongo soportó don inconformidades que le estallaron

en “pleno rostro”. Uno fue la intento de tomar las instalaciones por recién egresados de

la Benemérita Escuela Normal Federalizada de Tamaulipas y otro fue cuando una chica

egresada de la Escuela Normal de Educadoras pidió que le explicaran con “manzanitas” la

razón por la que no le daban su plaza.