Cuarenta y dos años

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El siguiente relato es verídico. Sucedió en el edificio de la Benemérita y post centenaria Escuela Nacional de Maestros (ENM), en la Cd. de México. Exactamente en la esquina de la Calzada México Tacuba y la avenida de los maestros, en la colonia Nueva Santa María. La fecha: 10 de junio de 1971.
Inicio la columna diciéndole que el edificio de la ENM nace como internado para varones que después de haber concluido sus estudios de secundaria, deciden estudiar para profesores de educación primaria y donde encontrarán aulas de clase, talleres, gimnasio, dormitorios, comedores, canchas de fútbol, alberca, biblioteca.
Vale la pena decirle a usted que anexa a la Normal se construyó una escuela primaria, donde no solo practican los normalistas, sino que desde un piso superior, observan las incidencias que suceden en el salón de clases con los niños.
La ENM desde su fundación ha egresado a miles de profesores de educación primaria modificado sus planes de estudio en la formación de los profesores en diversos momentos. En 1969 la Secretaría de Educación Pública (SEP) determinó aumentar un año a los tres con los que egresaban los normalistas, por lo que a partir de la generación 1973 la carrera tuvo una duración de cuatro años después de la secundaria.
Si usted analiza, un normalista de esta época estaba entre los 15 y los 21 años de edad en promedio. Edad soñadora, de ilusiones rosas, de vida justa y de justicia y pero generaciones que vivieron la masacre estudiantil de 1968.
Rojo Amanecer es la cinta cinematográfica mexicana que retrata magistralmente el pésimo episodio del país vivido el 2 de octubre, donde un número indeterminado de estudiantes, civiles: ancianos y niños, mujeres embarazadas y hombres de trabajo, murieron o desaparecieron ante la saña del estado por acallar las voces.
Los granaderos contuvieron por medio de las balas y bayonetas, voces que gritaban justicia, renuncia, becas, destituciones de jefes policiacos represores, diálogo, libertad… Pero también silenciaron con la muerte a mexicanos que nada tenían que ver con la exigencia estudiantil.
Si la plaza de las Tres Culturas en la unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco se cubrió de sangre el dos de octubre; esta vez fue el 10 de junio en la avenida de los maestros y la propia Escuela Nacional de Maestros.
Escenarios que sirvieron de mudos testigos para ver caer a estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la propia Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Reunidos en las instalaciones del Casco de Santo Tomás del POLI y partiendo por la Av de los maestros, los estudiantes pretendían exigir al gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), con una marcha al zócalo de la Cd. de México, esclarecer el genocidio mexicano del 2 de octubre.
Narran quienes lograron salir con vida de ese infierno que no soñaron en la Nacional del Maestros, que los patios, estacionamientos y las propias aulas, se llenaron de sangre joven, de sangre estudiantil y cuerpos inmóviles que fueron arropados con la sábana de la muerte y coronados por las balas de las fuerzas policiales.
¿Cuántos muertos y heridos hubo el 10 de junio de 1971 en la zona de la Nacional de Maestros? Nadie pudo contarlos. Nadie se atrevió a levantar la mirada ante el miedo de caer abatido.
Cuarenta y dos años se cumplieron apenas este lunes… Cuarenta y dos años de impune silencio nacional, porque los controles gubernamentales fueron férreos candados para la libre prensa. Solo la Revista ¿Porqué? publicó amplios reportajes y fotos inéditas.
Esta vez no hubo corresponsales de la prensa extranjera que cubrieran un evento mundial. Esta vez los estudiantes de la educación superior pretendieron exigirle cuentas al gobierno federal de un hecho por demás bochornoso.
10 de junio de 1971 y Jueves de Corpus Sangriento son los títulos de los libros que tienen la mejor narrativa de este hecho y por el que las autoridades judiciales han declarado la extemporaneidad y dejado en libertad a los responsables.