Los derechos de los alumnos

Cuando se le planteó al gobierno federal la posibilidad de revisar las tarifas eléctricas en Tamaulipas, se dijo que no habría ajustes porque los promedios no superaban tal o cual temperatura; alguien comentó: “deberían decirle a Fox –el entonces presidente- que venga a dormir en una casa de la periferia, con un abanico, y entonces, que sepa si se necesita”. Nada más apegado a la realidad: cuando nos encerramos en una oficina cómoda, olvidamos lo que los otros padecen, es decir, cuando comemos calientito, nos olvidamos de los que tienen hambre.

En la escuela primaria “Profesor lauro Aguirre” hay problemas que no se han podido solucionar, gracias al excesivo burocratismo y deshumanización de alguien que no entiende qué es un niño, y la forma en que afectan las temperaturas a los infantes, en su salud y en su aprovechamiento.

El transformador tuvo problemas y se descompuso. No hay forma de prender ningún aparato de aire acondicionado, comprados, por cierto, con fondos de los padres de familia, a esos a los que se critica por las cuotas y demás.

Desde el 5 de julio del pasado año se hizo una solicitud a las autoridades, cuando el equipo ya mostraba problemas. Hoy, los niños de 9 salones están en sus clases padeciendo las temperaturas de Victoria.

En el camino, se han entregado oficios a todas las instancias, y una de ellas dice que es probable que se pueda ayudar totalmente, pero que tardaría el trámite unos 6 a 9 meses: imagine el lector los 9 meses de nuestros hijos estudiando en salones sin ventilación y sin aire acondicionado. Inhumano, por donde se vea.

Los oficios que la directora ha girado no han tenido respuesta, ni el hecho de que la opinión pública conozca el problema: los niños siguen padeciendo este problema, y algunos ya han mostrado síntomas de deshidratación en los salones: aparecieron los primeros casos de diarrea y vómito que seguramente estarán registrados en la Secretaría de Salud, y que, como están las cosas, podrían tener impacto en otros problemas más serios.

También algunos padres han decidido no enviar a sus hijos a clases por las condiciones en que están hoy en día, lo que es comprensible, pero perjudicará a los escolares. Todo esto, porque los trámites tardarán muchos meses en causar efecto.

¿Qué se puede hacer al respecto?

Se ha pedido a los padres su comprensión, y a aquellos que gustan de quejarse de cuotas y demás, que sean solidarios; se ha pedido a empresarios su colaboración para que haya descuentos a la compra del nuevo aparato que se requiere, se ha pedido a las autoridades su apoyo para que los niños, más de 400, puedan estudiar en condiciones aceptables.

A la fecha, el resultado es nada, nada… nada.

La maestra Lupita está preocupada por la integridad de los alumnos, pero el dinero que hay no alcanza para cubrir el coste del nuevo transformador, y es cuando nos preguntamos si nuestros pequeños hijos no tienen derecho a recibir una educación de calidad. Cabe mencionar que la “Lauro Aguirre2 está inscrita en el programa “Escuelas de Calidad”… aunque hoy en día no tengan las condiciones para poder llevar a cabo todas sus actividades.

Hay programas del Estado como fue el “Peso a Peso” de Enrique Cárdenas González, o el “Voluntad y Trabajo” y muchos más que garantizaban cubrir necesidades con aportaciones conjuntas entre ciudadanos y autoridades.

Quisiéramos hacer el llamado a la autoridad para que pongan atención en este problema, porque los perjudicados son los niños, los que tienen que estar en el salón de clases.

Somos de la idea de que en casos como el presente hay que ser solidarios, atender lo que se necesita, y garantizar bienestar. El aprovechamiento, será cosa de cada uno de los alumnos, pero por favor, démosles las condiciones mínimas para que estén bien.