AUNQUE se trata de un tema ya abordado en anteriores ocasiones, actualmente, en tiempos de campañas políticas, bien vale la pena volver a analizarlo.
Se trata de la descarada e imparable proliferación de las llamadas “tiendas de conveniencia” que prácticamente están aniquilando a las tradicionales “tiendas de barrio”.
En Matamoros, por ejemplo, para nadie es desconocida la competencia que traen entre sí las cadenas comerciales Oxxos y Seven Elevens.
Con el cuento de la modernidad y la generación de empleos, los gobiernos estatales y municipales abren los espacios del territorio tamaulipeco para dar paso a esa desmedida competencia que, quiérase o no, impacta a muchas familias que, en condiciones austeras, se dedican a esa lícita actividad.
Por supuesto que los grandes almacenes de capital nacional y extranjero, también influyen en la desaparición de pequeños comercios cuyos propietarios no están en condiciones de competir en la compra por volumen directamente a los fabricantes.
Soriana, Chedraui y Home Depot son claros ejemplos de lo antes expuesto y que proliferan como hongos a lo largo y ancho de la república mexicana.
Ante el impacto negativo que el libre comercio y la cantaleta oficial de generación de empleos están provocando, justo ahí, en las campañas proselitistas de los candidatos a alcaldías y diputaciones locales, se hace necesario, al menos, analizar detenidamente el tema y agregarlo a sus respectivas propuestas de campaña.
Quienes pretenden integrar la siguiente legislatura local debieran tomar cartas en el asunto y preparar proyectos de iniciativa de ley que regule ese tipo de competencia que aniquila el comercio tradicional.
En el entendido de que no se trata de impedir la lícita competencia que va acompañada de la modernidad, sino de regular esa situación contemplándola en la agenda legislativa.
Resulta inconcebible que bajo el pretexto de algunas fuentes de trabajo, Oxxos y Seven Elevens aniquilen decenas de estanquillos de barriada y, lo que es peor, sin ninguna restricción oficial estatal contemplada dentro de la Ley de Alcoholes.
Con licencias para ventas de bebidas embriagantes en botella cerrada, con el giro de “supermercados” esos comercios están autorizados para establecerse frente a hospitales, iglesias, escuelas e, incluso, para no respetar la distancia mínima de 100 metros entre uno y otro.
Además, como se trata de cadenas comerciales con oficinas matrices fuera de Tamaulipas, los impuestos que generan no se quedan en la entidad en donde practican su actividad comercial sino que van a parar a la entidad a la que pertenece su domicilio fiscal.
En término coloquial, resulta que prácticamente resulta más el caro el caldo que las albóndigas, en atención a eso que se conoce como costo-beneficio.
Es decir, a cambio de 8 ó 10 empleos con salarios mínimos y otras tantas obligaciones patronales, las “tiendas de conveniencia”, además de eliminar pequeños comercios familiares, tributan en arcas públicas ajenas a la tamaulipeca.
Lo mismo sucede con los grandes almacenes o cadenas comerciales. Los restaurantes Sanborns, por citar otro ejemplo, no compran en Tamaulipas ninguno de los productos que procesan y venden y, obviamente, tampoco contribuyen a reforzar la hacienda en la entidad en donde operan.
En consecuencia, es justo y necesario que quienes aspiran a una curul en el Congreso Tamaulipeco al menos contemplen la probabilidad de legislar lo necesario para que el impacto a las tiendas tradicionales sea menos y, sobre todo, para que los beneficios fiscales se queden, en este caso, en Tamaulipas.
No es posible que la ilusión óptica que originan números negros en las estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social sea suficiente para tapar lo que es la clara realidad.
Cierto es que no se debe detener el libre comercio y su lícita aunque-en ocasiones-desleal competencia, pero también es muy cierto que los gobiernos estatales y sus respectivos congresos, deben, al menos, regular esa situación.
Y hasta la próxima.
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