Club del libro perdido

Cd, Victoria, Tamaulipas. Ante una población que no lee; invitan a sociedad civil a fomentar la lectura haciendo una cadena de “libros perdidos” dejados en espacios públicos para incentivar a la población a tomarlos, leerlos y regresarlos a parques o plazas para que otros lectores los tomen.

Al compartir lo anterior el Doctor Oscar Misael Hernández, del Colegio de la Frontera Norte con sede en Matamoros, menciona que según datos de la Encuesta Nacional de Lectura en México, de la población de 12 años y más que sabía leer, el 56.4% dijo que leía libros, el 30.4% que había leído un libro en algún momento de su vida y 12.7% reconoció nunca haber leído un libro en su vida. En conclusión, la encuesta señaló que el promedio nacional de libros leídos al año por persona en el país fue de 2.9, con sus respectivas variaciones.

Por ejemplo, diferenciados por sexo, al año los hombres leen en promedio 3.2 libros al año, mientras que las mujeres 2.7%; el rango generacional que más libros lee son los jóvenes de entre 18 y 22 años, alcanzando un porcentaje de 69.5%, y descendiendo el mismo conforme las edades avanzan; y, como es obvio, el hábito de la lectura de libros es más alto a mayor escolaridad de las personas, aunque no necesariamente:

“El panorama, desde luego, no es muy alentador. Y por supuesto, la pregunta sigue sobre la mesa: ¿por qué algunas personas, al menos las y los mexicanos que saben leer y escribir, no se interesan en leer libros? Bueno, como diría uno de mis hermanos: “Es que tienen muchas letras y no tienen monitos”. Aunque de mal gusto, el chiste tiene un argumento cultural que explica esta falta de hábito por la lectura de libros”.

Puntualiza que lo anterior no es nuevo ni desconocido, y quizá por ello los gobiernos federal, estatal y algunos municipales, han ideado e implementado algunas políticas y programas de promoción de la lectura… El resto ya lo sabemos: no funcionan del todo por diferentes razones. Sin embargo, las instituciones gubernamentales no son las únicas que idean e implementan iniciativas de ese tipo, también la sociedad civil, organizada de diferentes formas, y con resultados tal vez mucho más favorables, más humanistas.

Expone que como muestra de lo mencionado el Club del Libro Perdido es un ejemplo, internacional que ya está en México y empieza a realizarse en ciudades de Tamaulipas como Matamoros; objetivo: incentivar el hábito de la lectura. La estrategia: dejar un libro, o sembrarlo o liberarlo, en algún espacio público, con la esperanza de que alguien más lo encuentre, lo lea y lo vuelva dejar en otro espacio.

Detalla que en la primera hoja, se deja un mensaje al posible lector o lectora, se le invita a adoptar el libro, a cuidarlo, en especial a leerlo, y desde luego a compartirlo en esta misma dinámica.