Tenemos, por una parte, el hecho de poder acceder a todo tipo de información, válida y falsa, pero ahí está, en las páginas web o portales, en las llamadas “redes sociales” que bien debieran llamarse “redes sociales por internet”, ya que el término de “Redo social” aplica desde hace siglos a todos los grupos sociales, comenzando por la familia, con características especiales.
De repente, vemos a gente que no tiene más quehacer que jorobar la vida de los demás, incursionar en las redes con argumentos poco válidos, tontos, estúpidos, fuera de lugar, tales como “tengo hambre”, “me voy a dormir”, “me bañaré” y demás; se olvidan que a nadie importan estos detalles y las redes fueron creadas para algo más importante, más serio, trascendente, pues.
Cuando la elección del año pasado en la que resultó triunfador Enrique Peña Nieto y el PRI, hubo de todo: los llamados “yo soy 132” que, escudados en un poco honesto anonimato denostaron todo lo que pudieron: hicieron montajes de todo tipo, mintieron y publicaron todo tipo de argumentos nada serios, tratando de hacer ver que su candidato era la única verdad en la vida.
Soberbios, faltos de inteligencia y de honorabilidad, porque se escudan en nombres ficticios.
Hemos recibido también en el proceso actual algunos correos que llaman a la reflexión.
En primea instancia, son personas que tienen acceso a la base de datos oficial, es decir: los periodistas estamos registrados con nuestros correos en la dirección de Comunicación Social para efectos de poder recibir oportunamente la información.
Hoy en día, cualquier candidato o ciudadano tiene acceso a nuestros correos en serie, es decir, la lista oficial, sin que se haya autorizado su uso, lo que demuestra que no hay confidencialidad en este tipo de listas: cualquiera las emplea.
Luego, quienes se dedican a hacer presentaciones en power point con todo el mal gusto probable, mintiendo, insultando y tratando de hacer ver mal a uno u otro candidato, ligándolo con personajes a quienes también se les ha hecho una campaña de difamaciones absurda.
A nadie le consta lo que publican, pero lo dan por hecho, y eso es muy grave.
Todo mundo insulta escudado en el anonimato, con nombres falsos o seudónimos que demuestran el poco valor que tienen para denunciar.
A nadie sirve que tal o cual persona tenga antecedentes y lo publique en el Facebook o lo mande en cadena por correo.
Si realmente tienen pruebas de lo sucio que hay en el procedimiento y actuación de un político, que lo denuncien ante las instancias legales correspondientes.
Uno puede externar su desacuerdo con los candidatos, cualquiera que sea su ideología: tenemos ese derecho, pero de ahí a que el insulto y la diatriba sean pan de cada día, no estamos de acuerdo.
Resulta molesto que gente sin quehacer, por lo general, incrustados en una nómina oficial, se dediquen a publicar mentiras sobre los miembros de la clase política existente. No nos consta y no debemos manejarlo de esa manera, pues.
Debiera existir en las llamadas redes sociales un filtro contra las estupideces que inventa la gente. Respetamos la ideología de cualquiera que quiera expresarlo aunque no coincida con nuestra forma de pensar, y de la misma manera, exigimos ser respetados en nuestra forma de ver las cosas.
Tenemos todo el derecho de hacerlo, y de exigir que nos dejen de molestar con mentiras.
Cuando lo que mandan esté comprobado, bienvenido sea, pero el que insulten a nuestro gremio, resulta alarmante y molesto. No lo debemos permitir. Den la cara, cobardes, solo eso.