Alguna persona cercana de quejaba de las cuentas de la red social de Internet conocida como Facebook: decía que era un peligro cuando no se emplea bien, aunque no deja de reconocer los beneficios que tiene.
Por una parte, hemos tenido acceso los que contamos con una cuenta, a un sinnúmero de datos, información científica, deportiva, social y comercial entre otras, que seguramente, de no existir el coloquialmente llamado “face” no podríamos conocer.
Hay amigos que manejan aspectos comerciales, culturales, científicos, académicos y algunos muy personales, y que comparten con sus llamados “amigos”, que bien debieran ubicarse como contactos, sabedores de que el término “amigo” es mucho más profundo.
Hay quienes, sin tener más qué hacer en la vida que estar frente al celular o la computadora, dedican su tiempo a hacerlo perder a los demás con frases tan trilladas que hemos mencionado en colaboraciones anteriores como “comeré gorditas”, “tengo sueño” y demás banalidades.
Pero hay otros, en el ámbito de la política que han abusado del Facebook.
Nuestro amigo se quejaba de que, al inicio de las campañas políticas, todos los candidatos nos mandan solicitud de amistad: envían sus actividades de acuerdo a lo que consideran oportuno y otras cosas importantes las dejan pasar por alto. El caso es que están ahí, presentes, tratando de obtener un voto favorable para los comicios de julio próximo.
Existen vividores de la política que han abierto sus cuentas para dedicarse a insultar, denostar, denigrar y mentir. Esos son los contactos peligrosos. Ojalá hubiera un filtro para echar de las redes sociales a estos mentirosos y difamadores.
Se escudan en movimientos sociales que degeneraron en su tiempo y fueron objeto de tener el pretexto para insultar a los que no piensan como ellos. Este tipo de acciones son comunes en gente que piensa que debió ganar aquel candidato que ya es tradición que se postule… y pierda.
Pseudo líderes que, dejando a un lado sus actividades comerciales, cambian los kilogramos de harina por mantas que insultan y no proponen, que se encargan de hablar de más de otros gremios profesionales, y que sin embargo, siguen recibiendo privilegios de las autoridades a cambio de su cobarde silencio.
Viven bien cuando van a cobrar al tercer piso, saliendo con cara de “yo no fui” y gritando insultos contra la autoridad que les da de comer.
Afortunadamente, se arreglan con cualquier cosa, porque se conocen también por “poquiteros”, por miserables y por vende-conciencias.
Cuando pueden –solamente algunos- engatusan a algunos pocos ciudadanos y los llevan como carnada para sacar sus privilegios económicos y pagar sus mantas.
Sin embargo, en las campañas hacen presencia mintiendo y presumiendo que tienen datos nunca comprobables de la corrupción de tal o cual candidato. Dolidos, y mucho, porque nunca han sido postulados, ya que sus institutos saben de su calidad humana y moral.
Denigran sin comprobar, insultan sin menoscabo de caer en un delito y caminan por la calle presumiendo una falsa honorabilidad, porque su reputación es conocida por todos.
Esos individuos nunca serán factor de decisión en una campaña.
Nosotros pediríamos a quienes emplean las redes sociales por Internet que las usen para bien, para transmitir sus propuestas, pedir el voto, y luego, para informarnos sobre el cumplimiento de las promesas de campaña, que es lo que, seguramente, les dará el voto a ellos y a quienes sigan en la fila de elegidos.
Las redes sociales son una magnífica herramienta, pero, cuando se emplea como arma para denigrar, son lo más nefasto que hay.
No nos dejemos embaucar por estos vividores, seleccionemos bien a nuestros contactos, y hagamos lo que nuestra conciencia nos dicte.
Toda propuesta es respetable aunque provenga de quien no goza de nuestra simpatía. La nuestra lo es también. Respeto ante todo, y el voto, a quien lo elegimos.