Los proyectos educativos son diversos, y uno de ellos, que ha causado controversia un poco justificada y un poco injustificada, es el proyecto de la “Escuela de tiempo completo”. Hay que pensar todas las variantes que tiene el mismo y determinar si es o no bueno para nuestros hijos.
En las escuelas primarias y secundarias donde se va a instrumentar ha habido ya reuniones con padres de familia de nuevo ingreso, que son los que tendrán que enfrentar este reto: que nuestros hijos tengan una educación integral, con mayores oportunidades… y mayores responsabilidades para quienes pretendemos ejercer de la mejor manera posible ese maravilloso y sagrado don de la paternidad.
En las escuelas de tiempo completo habrá líneas de acción complementarias al programa de educación.
En ese sentido, hemos de decir que nos parece que éstas son positivas, aunque perfectibles en todo momento: no hay nada perfecto en el mundo, sin embargo, el que nos planteen el que nuestros hijos tengan mayores oportunidades de crecimiento personal se agradece y se aplaude.
Taller de lectura y redacción, enseñanza vivencial de las ciencias, laboratorio de idiomas, estudio de la tecnología, activación física y deporte, laboratorio de artes y taller de aritmética y geometría son los temas que incluyen estas líneas, luego de un estudio en el que se ha visto en qué están bajos nuestros hijos.
Obviamente, el que los muchachos estén en las instalaciones escolares de 7 a 16 horas implica muchos compromisos: la alimentación es uno de los más importantes, porque no podemos tenerlos en ayuno durante todo ese tiempo.
Se plantean posibilidades: que los padres manden a sus hijos con alimentos preparados para el mediodía, con el riesgo de que se descompongan ante las temperaturas que vivimos, o que los padres vayan a la hora de los recesos y les lleven algo para comer. Eso implica tiempo, y muchas veces los padres nos levantamos tarde y no tenemos oportunidad de preparar lo que lleven.
Malo el cuento, porque quedarían en ayuno que repercutirá seguramente en su aprovechamiento escolar.
La otra opción, que han adoptado la mayoría de las escuelas, es ofrecer un servicio a través de un proveedor, que, obviamente, costará a los padres, porque la autoridad no tiene contemplado en el presupuesto estatal alimentar a nuestros hijos directamente: finalmente, es obligación de nosotros, como cabeza de familia.
Hemos considerado a título personal que se han tomado las medidas adecuadas, y seguramente, quienes pensamos que la educación es el principal baluarte –en forma conjunta con la salud- sabemos del interés que hay porque los muchachos estén mejor preparados.
Agradecemos estas acciones y esperamos que todo padre de familia sepa valorar en su justa dimensión lo anterior, y que los chicos puedan aprovechar de una mejor manera este esfuerzo.
Habrá más clases, dicen algunos, pero otros consideran que las oportunidades serán mayores para una mejor capacitación que, seguramente, les permitirá llegar a niveles más elevados en su preparación académica.
Nos da gusto que haya programas que tienden a buscar la excelencia académica, y pugnamos porque todas las escuelas de la localidad puedan tener acceso a estos beneficios, mismos que dejarán frutos que veremos en un mediano plazo.
Es necesario tener conciencia del esfuerzo que se hace, pero más importante aún el que podamos reflejarlo en nuestros hijos.
Enhorabuena por las escuelas de calidad que han ingresado el programa de tiempo completo. Ahora solo falta que exista la respuesta de la sociedad en conjunto.