Al momento de escribir estas líneas, la jornada electoral no había concluido en el estado de Tamaulipas, sin embargo, los reportes preliminares dicen que ha transcurrido en completa calma, salvo los incidentes de siempre: los que se quejan porque se comienza tarde y esas cosas consideradas como rutinarias.
No han faltado e las redes sociales por Internet los comentarios fuera de lugar, amarillistas y sensacionalistas de los agoreros del desastre y el pesimismo que critican cuanto se lleva a cabo; cierto es que no es un proceso perfecto, que hay cosas que se deben atender, pero de ahí a que sea lo peor de lo peor, dista mucho de la realidad.
El perfecto desconocimiento de las leyes electorales ha llevado a gente a “acusar” a los priístas de estar en las casillas “con las listas, una copia de las listas, palomeando a quien llega a votar para coaccionar el voto”, ignorantes de que todos, absolutamente todos los partidos políticos tuvieron acceso a las listas, y en cada casilla –y el que ha ido a votar lo sabe- se verifica que el votante sea el de la credencial, que esté inscrito en el padrón electoral y que todos anoten, para que, al final, la “numeraria” coincida con los asistentes.
Es puro chisme y amarillismo lo que se maneja. No es delito el tener las listas para checar que los que votan sean los electores. No como sucedió con el payaso y farsante de Javier Lozano, que votó sin que checaran, y resulta que no estaba en el padrón.
Increíble, un senador violando la ley.
De eso hay mucho, pero también hay que destacar que en algunas casillas no llegaron los funcionarios, y que se tuvo que buscar quien fungiera como funcionario; acción irresponsable de esos que aceptaron y luego se echaron para atrás.
Se abrieron tarde, pero se abrieron, y en una de ellas emitimos nuestro voto ciudadano.
Las grandes noticias de que los candidatos fueron a votar sobran: es natural que, si compiten por la mayoría de votos, ejerzan su responsabilidad ciudadana. No tiene chiste alguno. Es como meter un gol de penalti.
Hay que esperar a que las autoridades den a conocer el resultado de las elecciones y no los partidos o los encuestadores, que bien podrá ser una aproximación a los resultados oficiales que, luego de algunos días, tendrán que ser verificados y avalados.
Nada hay para nadie hoy, salvo que se tengan todas las copias de las actas electorales y se vea cual es la tendencia.
Objetividad es lo que ha faltado, de la ciudadanía que, en el anonimato se escuda en Facebook o Twiter y esas cosas, o en los que presumen de informar oportunamente y quieren confundir a los que queremos buenas noticias.
Hay que exigir a los que ganen que cumplan sus promesas y hagan un voto de honestidad, pero no criticar y enviar venenosos dardos por las redes sociales. No está México –tampoco Tamaulipas, pro supuesto- para chismes y lapidarias mentalidades: necesitamos cambiar el “chip”, ser más positivos, y si gana tal o cual persona, pedirle que haga un buen gobierno: que dejen esas actitudes mesiánicas, y si las toman, si se encierran también en una burbuja de cristal, romperla y exigirles que no lo hagan, que sean congruentes con su plan de campaña y la realidad.
Es hora de actuar, pero congruentemente. Al que gane, por favor, que se ponga la pila y no salga con tonterías. Al que votó, que se deje de chismes y comentarios banales y exija al ganador lo más importante HONESTIDAD. Ya no queremos ver políticos que en tres o seis años se hacen multimillonarios. No jueguen con nosotros…
…Ni con nuestro dinero, por favor.
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