Santurrones y exagerados

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AL margen de resultados post electorales que arrojó la jornada eleccionaria de ayer domingo, vale la pena analizar si se justifica o no el prolongado período de “ley seca” que se decreta antes y horas después de ese ejercicio democrático y el impacto que tal medida ejerce en la economía local.
Como en otros procesos de renovación de poderes locales y federales, en Tamaulipas la Secretaría de Finanzas ordenó 48 horas de suspensión para la venta y enajenación de bebidas embriagantes.
A partir de las cero horas del pasado sábado hasta las 24 horas de ayer domingo, más 10 horas de hoy lunes que establece la normatividad oficial que regula esa actividad comercial, los establecimientos que expenden cerveza, vinos y licores en todos sus giros hubieron de acatar esa ordenanza.
Con las excepciones que confirman la regla, producto de oscuros intereses, la mayoría de quienes integran ese padrón cumplieron la disposición estatal.
Sin embargo, organismos camarales como los que aglutinan a los empresarios restauranteros y comerciantes, dudan de la efectividad de tal medida en cuanto a la inducción del voto y la tranquilidad del proceso.
Ambas posturas coinciden en que los ciudadanos responsables en edad de votar que tienen la intención de participar en la vida democrática de su comunidad acudirán a las urnas electorales, con o sin venta de alcohol.
También, mantienen la certeza que no necesariamente es el consumo de bebidas embriagantes lo que en ocasiones genera violencia en algunos estados, municipios o distritos electorales en donde se llevan a cabo elecciones de nuevos representantes populares.
En lo que no tienen ninguna duda comerciantes y restauranteros es el efecto negativo que produce la prohibición de venta de bebidas alcohólicas, justo en un fin de semana cuando, tradicionalmente, los ciudadanos disponen de horas de descanso y esparcimiento familiar.
Antaño, cuando las condiciones políticas y de seguridad en el país no eran las idóneas, fue que el gobierno puso en marcha ese tipo de medida preventiva. El objetivo era impedir que, bajo los influjos del alcohol y la efervescencia política, los ciudadanos con posturas distintas enfrentaran su rivalidad política con acciones hostiles.
No obstante, hoy en día, las circunstancias políticas ya no son las mismas. Aunque, eso sí, en cuanto al clima de violencia extrema, éste no es derivado de la ingesta de cerveza, vino o licor.
En consecuencia, desde esa perspectiva, tienen razón la Cámara de Comercio y la Cámara de la Industria Restaurantera al afirmar que es una exageración la disposición estatal de 48 horas de “ley seca”.
Un receso de 15 horas, como se acostumbra en algunos días feriados, sería más que suficiente para cumplir una disposición gubernamental en ese sentido y a la vez contribuir en la vida democrática de la comunidad.
Cuestión de analizar cómo la violencia que se ha desatado en las entidades en donde ayer se llevaron a cabo procesos eleccionarios es producto de intereses oscuros que pretenden doblegar la voluntad ciudadana, y no el consumo de bebidas embriagantes.
Un importante sector productivo se ve afectado con esa exageración en cada elección federal y estatal y, además, la contracción de la derrama económica es notoria.
Una vez que los ciudadanos eligieron democráticamente a sus representantes en el parlamento tamaulipeco, es justo y necesario que los integrantes de la nueva legislatura local tomen cartas en el asunto y eliminen los prolongados períodos de “ley seca” y se adopten medidas más acordes a los nuevos tiempos y circunstancias políticas en la entidad.
Pecar de santurrones o ser víctimas de las exageraciones como consecuencia de actuar sin más base que la tradición no es la mejor opción de llevar un rumbo político.
Ni hablar.
Y hasta la próxima.
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