La basura s uno de los grandes retos que tiene cualquier administración municipal: toneladas van y vienen de desperdicios y no hay nada que se pueda conjurar al respecto para evitar que se acumule en tiraderos, luego, claro, del consabido acto de selección que hacen tanto trabajadores de limpia como otros pepenadores.
Es un negocio interesante, porque deja muy buen dinero.
Recientemente, las lluvias que se han registrado en los últimos días han dejado una serie de reflexiones sobre el tema: no estamos preparados para las avenidas tan contundentes como las que prácticamente desaparecieron el Eje vial en Victoria y otras muchas calles.
Estábamos con el agua al cuello en forma literal, y bueno, la consecuencia son las inundaciones y problemas que se presentan cotidianamente.
Vimos ríos de agua que llevaban innumerables piezas de desperdicios, lo que nos habla de la falta de cultura para cuidar nuestro entorno: dicho sea con otras palabras: en Victoria somos muy sucios para cuidar nuestras calles: somos sucios y eso se pone de manifiesto con lo que a diario vivimos.
Los canales están saturados de desperdicios y eso propicia que las alcantarillas que en número son muy pocas, se saturen de basura y no dejen pasar el agua de la intensa lluvia.
Y lo que sucede el día después: quedan las calles llenas de piedras y tierra: un verdadero tiradero que evita la buena circulación, y todo por culpa de nosotros mismos que tiramos basura por todas partes a toda hora. Somos muy buenos para culpar a la presidencia municipal de tener las calles como están, pero no recordamos que la basura no la depositó ni el alcalde ni su gabinete, sino uno a uno, los que habitamos esta hermosa ciudad.
Suponemos que habrá cuadrillas que nos ayuden a limpiar las calles: vivimos en ciertos sectores la experiencia de ver cómo la gente se une y, con palas y una carretilla, levantan todo el “mugrero” que ha dejado la lluvia en las arterias de Victoria.
Necesitamos ser más solidarios, y eso lo debemos entender bien.
La limpieza es limitada por falta de recursos y exceso de permisividad de los habitantes.
Suponemos que sería buena opción el comenzar a multar a quien ensucie la calle. Finalmente, somos nosotros los que debemos tener una forma de vida adecuada y acorde a lo que tenemos.
El presidente municipal Miguel González Salum ha hecho un llamado a la ciudadanía para colaborar: no dejar desperdicios en vía pública horas antes del paso del camión recolector, para que no se tapen las pocas alcantarillas, y pueda desahogarse el flujo del líquido que, este miércoles, de plano nos jugó muy malas pasadas en diversos puntos de la ciudad.
El servicio de limpia es, decíamos, limitado: somos muchos habitantes para tan pocos camiones, lo que nos obliga a ser más cuidadosos, porque de otra forma, tendremos que padecer diariamente, y más en tiempo de lluvias, el hecho de contar con mal drenaje, con calles exageradamente sucias, y con las consecuentes quejas a “nadie”, porque la responsabilidad es compartida con autoridades y ciudadanía.
Cuando llegue el nuevo gobierno, ojalá se apeguen a este problema y apliquen multas a quien deje basura en la vía pública, a quien no sepa que el ser descuidado le afecta a él, a sus familiares y a todos nosotros.
Ha llegado el tiempo de colaborar con las autoridades, y en materia de suciedad y basura, tenemos que hacer un gran esfuerzo por propiciar que la cultura y civilidad ciudadana funcionen, para que sigamos viviendo en aquella Ciudad Limpia, Ciudad Amable de todos nosotros.