Aguascalientes es un estado que tiene sus atractivos y sus problemas como todos los del México que vivimos. Este miércoles, encargados de ciertas áreas de Salud hablaban en un programa de radio acerca de los aspectos que les preocupan sobremanera, siendo el aspecto de la obesidad y sedentarismo uno de los más preocupantes.
3 de cada 10 niños son gordos; 3 de cada 10 adolescentes son gordos, y 7 de cada 10 adultos son gordos.
Ese es el dato duro, el dato no maquillado por nada: ni declaraciones ni palabras bonitas. Hay quien considera que es muy fuerte llamar gordo al que tiene sobrepeso manifiesto u obesidad en cualquiera de sus niveles: al pan, pan, y al vino, vino, decían antes, y cuando uno tiene más perímetro de carne y grasa en el organismo, solo se le puede decir gordo, sin más palabras que adornen el término.
En Tamaulipas nuestros problemas van por el mismo rumbo: los porcentajes son similares y tenemos graves problemas con los kilos de más, sobre todo, cuando suponemos que medicinas y pócimas milagrosas nos harán delgaditos de la noche a la mañana.
No existen pomadas que eliminen de golpe y porrazo lo que por años hemos cultivado y que ha formado ya una masa de grasa y carne mala y flácida.
Estamos heredando un problema serio a nuestros hijos al no poner atención a su alimentación. No decimos que nunca coman frituras o alimentos que no son todo lo saludable del mundo, pero, sin lugar a dudas, tenemos que hacer que cuiden los volúmenes en general, para que la salud no se vea afectada. Es prioritario.
Vemos todos los días en las calles las grandes barrigas luciendo playeras de sus grupos favoritos… y una mangonada, un trole o una golosina grasa a su lado: todos los días hemos de visualizar esa imagen cotidiana y peligrosa.
Las autoridades se cansan de decirnos, y nosotros de criticar y condenar las acciones oficiales porque no dan resultado: ¿Cómo darán resultado si somos más tercos que nada y no cambiamos nuestras costumbres?
Insistir en el tema cansa cuando no se ven resultados: los obesos y gordos están condenados a padecer irremediablemente muchos problemas de salud, y por otra parte, arrastran aspectos psicológicos que también afectan su entorno.
El ejercicio, la alimentación adecuada y cambio de muchos hábitos nos darán salud, nos darán muchas cosas que permitirán que tengamos una mejor calidad de vida y por ende, menos enfermedades.
No podemos dejar a un lado el hecho de que las políticas de salud han insistido fuertemente en el cambio de hábitos, pero no hay que evitar pensar en la tozudez de quien se empeña en vivir mal, sin salud y sin cuidar sus aspectos básicos de supervivencia.
Queremos tener una sociedad más sana para que tengamos mejor calidad de vida y podamos incidir en muchas cosas, y la obesidad es tremenda, es un enemigo que hay que vencer.
Adiós a las barrigas prominentes que nada bueno dejan: ni estéticamente ni en aspectos de salud. Es la hora de que cambiemos, que queramos vivir con calidad y no estar padeciendo todas esas cosas que vienen con las barrigas: diabetes, obesidad, hipertensión y demás.
Es tiempo de ponernos las baterías y hacer cosas por nosotros mismos, es tiempo, pues, de exigir a la autoridad y hacer nuestra parte, porque la falta de bienestar la padecemos cada uno de los que disfrutamos la comida chatarra a diario, y no queremos hacer nada por mejorar.
Si no hacemos lo que debemos hacer, no nos quejemos, no exijamos, no pidamos, aguantémonos y hay que prepararnos para velar a los que nunca entendieron que la salud es sagrada.