Cierto es que hemos pensado igual que miles en torno al turismo: la llamada “industria sin chimeneas” se constituye como una enorme fuente de ingresos para los sitios de preferencia y otros, aunque todo lo bueno también tiene aspectos que, como dijera alguna vez Glorilú: deben de mejorar.
Vemos, por ejemplo, los sitios que tienen un importante incremento de visitantes en esta época y que tienen que ver mayoritariamente con playas y ríos, y suponemos que la gente que vive cerca tiene mucho que agradecer: cada paseante viene dejando a su camino una estela de dinero que, aunque suene exagerado, no lo es tanto, pero es más que nada: en cada tienda o gasolinera, hotel o restaurante se va dejando un poco –o mucho- de recurso que permite que la economía vuelva a ser activa y suponga para muchos un alivio a la crisis que vivimos, sobre todo, de paseantes.
El turismo tiene sus pros y sus contras, y lo sabemos bien.
En Madero se quejan, y con sobrada razón, de la cantidad de basura que se genera en estos tiempos, porque muchos de los que visitamos los lugares de recreo no tenemos la mínima idea de lo que es el respeto al entorno: los desperdicios abundan por cualquier rincón, y en ese sentido hay mucho que trabajar.
Las autoridades locales tienen que incrementar sus servicios de limpieza, aunque seguimos con la idea de que son más las cosas buenas que las que ha que mejorar. La seguridad, por ejemplo, es algo que debiéramos cuidar cada uno de los habitantes de estos sitios.
Recordamos los comentarios que hace la gente, por ejemplo, del Camino de Santiago y la seguridad que existe en torno a este recorrido; muchos de los habitantes de tantos lugares ayudan a que no haya inseguridad, porque ésta sería detonante para que hubiera un importante decremento de visitantes, con el consecuente daño a la economía de las regiones.
Igual sucede en nuestro querido Tamaulipas: si todos cuidamos el entorno, seguramente será un destino más preferido por muchos, y ello constituirá por consecuencia, mayor flujo de recursos en distintos rubros que, sin duda alguna, beneficiarán a la entidad y todo lo que de ella emana.
Tamaulipas, lo sabemos, es una entidad privilegiada por sus recursos naturales para ofrecer al turista: tenemos un poco de todo, y en algunos casos mucho más que el típico “poco”: somos afortunados, pero tenemos que cuidar lo que tenemos.
Con la costa tan maravillosa que nos regala el Golfo de México bien se podría buscar inversión extranjera para convertir nuestros litorales en un paraíso más. Nada hay que pudiera frenar lo anterior si se tuviera quien invierta en nuestra tierra.
Pero hablamos de playas y también debemos hacerlo en materia de turismo ecológico, cinegético, cultural y de otra índole. Decíamos que somos una entidad privilegiada, pero insistimos en la necesidad de cuidar cada uno lo que nos corresponde y exigir a la autoridad su parte para que, todos en conjunto, podamos disfrutar los beneficios de vivir en un sitio donde se privilegia el que haya quien venga a visitarnos, porque a todos conviene.
Esperamos que el aspecto de los desperdicios pueda conjurarse así como muchos otros problemas, y que poco a poco se subsanen para que la mejor publicidad hacia la entidad, que es la de boca en boca, de la misma gente que nos visita, se multiplique, y que los recursos a las distintas entidades que participan en la industria sin chimeneas puedan también incrementarse, para que se puedan ver reflejados en mayor obra, mayor tranquilidad económica, y en general, en una mayor tranquilidad para todos.
Sabemos de nuestro potencial turístico, no lo desperdiciemos, que pocas entidades tienen el privilegio del que gozamos en el Tamaulipas que nos toca vivir.