Es increíble ver la forma en que se manejan algunas dependencias de todo nivel de gobierno, sea municipal, estatal o federal; los créditos que se aplican a la educación son una clara muestra de ello.
No concebimos la manera en que se hacen efectivos los pagos para quienes tuvieron la ilusión de realizar sus estudios en alguna de las mejores escuelas del país, y que, al término de sus estudios han encontrado las puertas cerradas en todo sitio laboral y de toda índole, lo que les hace no tener con qué subsistir… menos con qué pagar sus adeudos.
Entendemos que nadie les puso una pistola para que estudiaran en el Tec de Monterrey o la UDEM entre otras, y que hoy en día tienen problemas para poder pagar lo que les prestó el gobierno de Tamaulipas.
Recordamos esas jornadas en las que el gobernador va a Monterrey a hacer entrega de becas y créditos educativos en ceremonias magnas, donde pide a los muchachos poner todo su empeño en convertirse en eje del desarrollo del estado, pero, por otra parte: ¿dónde trabajarán?
Hemos sido testigos y hemos vivido en carne propia la frustración de ir a tocar puertas con quienes se supone pueden ayudar a los egresados de estas instituciones, sin embargo, hemos tenido que toparnos con portazos, con gente que ni siquiera contesta las llamadas telefónicas o nos dan audiencias para dentro de varios meses.
En carne propia –recalcamos- hemos sentido la frustración de querer ver a quien manda en Tamaulipas y toparnos con que no puede atendernos o algo por el estilo; con gente como funcionarios de primer nivel que antes nos hablaban muy bien, y a la hora de solicitar la oportunidad de una entrevista, nos han dado con todo en la cara.
Nos niegan siquiera el derecho de hablar con ellos, como si se tratara de dioses o algunas criaturas divinas inalcanzables para todos.
Los créditos llegan en sus estados de cuenta muy puntuales con tasas de interés mucho más altas que las que ofreció en su tiempo la banca privada: nos han negado la oportunidad de vivir al corriente y pagar los adeudos ante la falta de oportunidades, y puntuales, como suelen serlo, nos mandan cobrar millonarias cantidades con intereses exorbitantes.
Hicimos el ejercicio y quisimos atender el asunto con quienes pueden ayudar a muchos jóvenes estudiantes, pero la respuesta ha sido la misma: nada.
El lector no está para saberlo, pero nos hemos llevado una gran decepción luego de haber sido objeto de una charla muy amena con gente que nos ha ofrecido atendernos, sin embargo, pasan los meses –sí, meses- y o no recuerdan los compromisos o de plano, han entrado a esa burbuja única de quien tiene siempre segura su manutención y gastos prioritarios y superfluos, y no tienen el menor interés en ver por quien necesita apoyo.
Tamaulipas es parte de esa recesión mundial y falta de empleo, por lo que, entendemos que quienes mandan saben lo anterior, por lo tanto, no debieran ser tan estrictos en el cumplimiento de los créditos, menos con esos niveles de intereses tan elevados que los muchachos, recién egresados no pueden cubrir, porque no se les dan oportunidades, dado que los puestos a los que aspiran están ocupados por quienes no tienen el perfil, pero sí las relaciones necesarias para ocuparlos.
No nos parece adecuado lo que sucede: nuestros jóvenes se están frustrando porque no tienen la forma de mantenerse, de formar un hogar, o de subsistir siquiera.
En ese sentido, pensamos que hace falta un programa que les permita emplearse y mostrar su verdadera valía, y entonces, que el gobierno al que corresponden, se haga presente en forma responsable para cumplirnos.
A los padres, a ellos, a la sociedad, porque de otra forma, serán cuentas multimillonarias sin pagar, porque no se permite que los jóvenes puedan hacerlo.
Eso no es justicia social, por donde quiera que se pretenda justificar.
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