Es increíble que en una nación que presume de vivir en un régimen democrático las minorías sean las que mandan.
Escuchamos a los dirigentes de partidos políticos querer imponer su voluntad, atacando lo que una mayoría ha resuelto: critican al gobierno priísta de todo lo que hace y argumentan falta de acuerdos democráticos.
Hace muchos años los partidos políticos dejaron de ser representaciones sociales, para convertirse en botín de unos cuantos sinvergüenzas y ladrones, vividores de lo que antaño se llamó política y hoy se asemeja al “modus operandi” de cualquier mafia.
Vea usted: los miembros del Partido Acción Nacional se rompieron las medias el fin de semana: golpes e insultos porque unos cuantos no estuvieron de acuerdo en lo que la mayoría decidió, para bien o para mal, y argumentan falta de democracia, compra de votos y esas artimañas trilladas que suelen externar.
Los del Partido de la Revolución Democrática, igual, pelean al defender a un tipo que se encarceló por delincuente –René Bejarano- y hablan de honorabilidad. Unos cuantos, defienden su postura y quieren a fuerza hacerla valer.
Los rechazados de la UNAM, IPN y otras universidades quieren a fuerza un lugar en una escuela donde no tuvieron acceso por falta de aplicación, aprovechamiento o por flojos, simplemente. Toman las calles para exigir “sus” lugares, esos que no se ganaron el el pupitre.
Y así podemos seguir.
En el caso que nos ocupa, vemos con tristeza que hay una autoridad deficiente y nada enérgica. José Luis Coronado, aquel ex dirigente magisterial, hoy cómodo burócrata de la educación critica la escuela de tiempo completo y argumenta cosas que no tiene idea siquiera como son.
En una de las más prestigiadas secundarias de la ciudad, hay 300 alumnos que se incorporarán al sistema de escuelas de tiempo completo: 297 padres estuvimos de acuerdo con el planteamiento, pero tres no lo están, y eso es suficiente para que Cornado y unos cuantos más se opongan al proyecto.
Y los 297 restantes, ¿no tienen derechos? ¿no vale su opinión? O de plano, ¿de qué se trata? Somos de la idea de que todos tenemos derecho a expresarnos, pero cuando vemos declaraciones como las de José Luis, pensamos que algo anda muy mal.
Si usted no está de acuerdo en una escuela de cualquier nivel, pública o privada, nadie lo obliga a estar ahí; si no quiere pagar las cuotas establecidas para que nuestros hijos estén bien y no les falte nada, no las pague, pero no exija luego que le den lo que no merece.
Si usted no quiere a sus hijos en la escuela de tiempo completo, busque otra opción, pues.
Dice Coronado que debe el gobierno fomentar que los padres vayan a dejar el “lonche” a sus hijos para fomentar la convivencia. ¡Claro! Como ellos tienen todos los pretextos para no trabajar, piensan que todos los padres hemos de salir diario por dos o mas horas a las escuelas de los hijos.
¿En qué mundo viven ellos?
Qué fácil es decir lo anterior: que salgan de sus trabajos para llevar el sándwich o la comida. Se nota que Coronado, o no fue padre responsable, o no tuvo un grupo a su cargo o de plano, vive en otra realidad, al igual que esos inconformes que ahora quieren que el gobierno les facilite la alimentación también.
Coronado es, aparentemente, profesor de izquierda, de oposición aunque viva con más de una plaza que no devenga. Suponemos que lo anterior le resta la calidad moral necesaria para criticar y exigir l que hoy grita a los cuatro vientos.
Hay que analizar, pensar, entender las cosas, antes de vociferar, pensamos.
Mientras sigamos dando prerrogativas a quien no tiene siquiera la fuerza para hacerse notar, seguiremos padeciendo estos problemas, en todos los rubros.