Uno de los canales de investigación en televisión más prestigiados del mundo nos regaló hace unos días una historia espeluznante: un individuo de unos 30 años de edad con un peso superior a los ¡600 kilogramos de peso! Que obviamente, tuvo que ser objeto de diversos tratamientos.
Vimos que los protagonistas principales fueron médicos y especialistas de diversas áreas clínicas de nuestro país, por los casos que presentaron tanto de niños como de adultos: la obesidad es y sigue siendo uno de los más grandes problemas de salud pública en México, y parece que seguirá creciendo irremediablemente.
Niños en edad preescolar con más de 40 kilogramos en su humanidad; papadas mayúsculas, mejillas redondas, abdomen exorbitante, pantorrillas con diámetros que asustan y demás. La obesidad se constituye como un grave problema.
Se habló también de la manera en que el Sector Salud ha procurado atajar el problema, y la legislación sobre cooperativas escolares y otras medidas para evitar que siga creciendo el abdomen de nuestros hijos.
Lo último: un programa conjunto entre la Secretaría de Educación y la de Salud en aras de ofrecer estrategias que nos lleven a contar con niñez y juventud saludables, aunque, claro está, tenemos que entender que el problema no es de los muchachos o de los profesores, de las cooperativas o del medio ambiente: es un problema de todos y como tal lo debemos enfrentar.
Perdonará el lector la insistencia en el tema, pero realmente nos preocupa ver la forma en que se hace más grande este asunto y la indiferencia social que hay para erradicarlo.
Padres de familia que se rebelan contra las medidas de la autoridad para garantizar la salud de sus hijos, o profesores que no tienen el interés necesario en colaborar: hay de todo, pero por más que se hace, las estadísticas nacionales e internacionales nos ubican como una nación de obesos, de gordos, de gente con sobrepeso en un porcentaje que espanta.
75 por ciento de nuestra juventud presenta problemas de peso, los adultos andamos por las mismas, y en cuestión de niños, también tenemos cifras nada agradables.
Ejercicio o actividad física, alimentación adecuada y otras cosas son las que debemos tomar en cuenta: los problemas son serios, y van desde la figura anti estética hasta problemas de hígado, páncreas, corazón, presión arterial, diabetes, reumáticos, de articulaciones y demás. Esta es la realidad de quien no cuida su peso.
Se critica a las cooperativas pero seguimos comprando frituras y alimentos chatarra. Se critica a las autoridades, pero cuando nos dicen cómo atajar el problema les damos con la puerta en la cara argumentando un irracional “qué les importa” para cerrar de golpe con la problemática.
No imagina el lector lo patéticas que resultan las imágenes que hemos visto en televisión este martes, y la manera en que se puede complicar la vida no de uno solo sino de la familia entera.
Hay que aplaudir el programa y esfuerzo de la autoridad que en conjunto pretende aliviar la situación, pero no únicamente eso, sino participar en forma activa para que nuestros hijos puedan contar con mejores expectativas de vida.
Urge, pues, hacer lo anterior.
No dejemos la responsabilidad de los hijos en una dependencia o un programa únicamente: tomemos participación activa y hagamos de ellos unos seres humanos con mejor calidad de vida.
Lo que no hagamos hoy, ellos lo tendrán como una inadecuada herencia en materia de salud.
Urge, realmente, tomar cartas en el asunto.