Renovarse o morir

La modernidad llega a todos los ámbitos, y la política no es la excepción: las instituciones y personas que tienen como actividad prioritaria la política se tienen que renovar… o resignarse a la muerte.
Bajo la premisa de que nadie es eterno, el Partido Revolucionario Institucional tuvo que aprender que si no hay renovación se va irremediablemente al fracaso. Vicente Fox y Felipe Calderón fueron necesarios para entender que las más de 7 décadas en el poder no serían para siempre, y se tuvo que renovar mucho: estatutos, acciones, tendencias, personajes y demás.
Nadie es eterno ni imprescindible, por más importante que sea, pues.
Tras haber dirigido al PRI en Tamaulipas, Ramiro Ramos Salinas ha decidido hacerse a un lado para cumplir como legislador. Ha desarrollado una interesante función que le permitió al tricolor volver a ganar en la entidad.
Claro, Ramos Salinas tiene un equipo de gente que le ha respaldado: buena dirección y buen equipo resulta con buenos dividendos, y eso lo saben casi todos.
Pareciera, sin embargo, que otros protagonistas de la política no entienden el mensaje: unos se ufanan de haber sido elegidos por quien manda en Tamaulipas y hasta han olvidado su origen humilde: otrora, burócratas eficientes –de bajo nivel- y hoy encumbrados protagonistas de la política estatal, se han recubierto de esa burbuja que separa a la realidad con la cómoda oficina, llena de lujos y paredes tan gruesas y altas que no dejan pasar ni los afectos ni las necesidades de la población.
El gobernador Egidio Torre Cantú sabe que hay quienes se han enfundado en un traje repelente de sentimientos y necesidades y comienza a hacer ajustes en su gabinete. Los de la parte política debieran saber que no son eternos ni imprescindibles como el aire, y regresar a sus orígenes, que gracias a ellos es que están donde están.
Pero los partidos… se han olvidado de sus militantes: votan en camada –o manada, pareciera- en los congresos federal y locales, obedeciendo consignas partidistas antes que los reclamos sociales. Votan como partido y no como legisladores, como si no tuvieran… iniciativa.
Luego, los dirigentes se empeñan en denostar lo que es contra sus ideas y critican todo lo que viene de enfrente. Caso concreto, la reforma energética que, a nadie nos han dicho por qué argumentan que es privatizadora del petróleo y asumen posturas ilógicas en todos sentidos.
Zambrano espera su consenso social cuando no ha sido capaz de encabezar a una fuerza de izquierda absurda y obsoleta, crítica con todo lo que se mueve, pero incapaz de proponer algo lógico.
El PAN olvida que la propuesta de Peña Nieto es eso: una propuesta para debatir, y dicen que presentarán una mejor: ¿cuándo serán capaces de debatir con calidad e inteligencia?
En el PRI tamaulipeco vienen cambios para seguir avanzando, y eso es lo que queremos los ciudadanos: que nuestros partidos no sean agoreros del desastre, mal intencionados detractores, sino que entreguen propuestas emanadas de sus bases.
Atrás están los tiempos del absolutismo partidista, ya no funcionan: ya no los queremos, pues.
Pugnen por mejores sistemas de gobierno, porque los que están allá arriba salgan de su burbuja y dejen de depender del criterio secretarial: que tomen decisiones y nos atiendan a todos por igual, que nos hagan caso, que es lo que más criticamos los mexicanos.
Tamaulipas tiene muchas cosas qué ofrecer a sus ciudadanos, y en cuanto los que deciden tomen las riendas, podremos ver mejores cosas.
Mientras tanto, los partidos políticos siguen perdiendo fuerza, representatividad… y credibilidad.