Con seguridad sabe usted que la palabra chocolate viene de la lengua náhuatl: ‘xocolatl’, también que es el alimento que se obtiene mezclando azúcar con dos productos derivados de la manipulación de las semillas del cacao: una materia sólida (la pasta de cacao) y una materia grasa (la manteca de cacao).
A partir de esta combinación básica, se elaboran los distintos tipos de chocolate, que dependen de la proporción entre estos elementos y de su mezcla, o no, con otros productos tales como leche y frutos secos.
El origen del árbol de cacao es en realidad inexacto, pero los investigadores coinciden en que seguro es americano.
En lo que no se ponen de acuerdo los estudiosos del tema, es si el chocolate nace en tierras mexicanas y se extiende a Sudamérica hasta el Río Orinoco o quizá el río Amazonas o es a la inversa.
En lo que sí están de acuerdo, es que las primeras evidencias de su uso humano se localizaron en territorio mexicano que hace mucho tiempo fue ocupado por culturas prehispánicas o antes de la llegada de los españoles.
Pese a su uso, sabor, presentación, etc., para un sector muy amplio de la población la palabra ‘chocolate’ tiene una connotación o significado muy diferente cuando se asocia a lo ‘chueco’, a lo ilegal, a todo aquello que está al margen de las leyes.
En este sentido, la población ha dado en llamar “chocolate” a los vehículos de procedencia gringa que al ser internados en territorio nacional, no pagan impuestos y entran con la negada, pero muy cierta y socorrida “mordida” a la policía federal fronteriza.
Sospecho que en realidad nadie sabe el número exacto de vehículos automotores que ilegal o “chocolateadamente” traspasan la línea fronteriza entre gringolandia y nuestro país por tierras tamaulipecas.
Tampoco creo haya estadísticas confiables del número de ‘chocolates’ que se quedan en esta entidad norteña del noreste del país. La reflexión tiene su base porque nadie puede tener una estadística de lo ilegal, de lo que está al margen de la ley.
De lo que si puede haber datos es de los autos usados que ingresan de los EU y Canadá por Matamoros o Reynosa para internarse al interior del país y que consideran a Tamaulipas como puente mexicano para llegar a algún país centro o sudamericano.
Quizá lo de menos sea que los ‘chocolates’ viajan a través de la entidad o se quede aquí. Lo real es que esas unidades automotrices como autos, camionetas, camiones o motocicletas sirven de mercado a una economía subterránea que independientemente de no pagar los impuestos de importación y de compra-venta, provocan desigualdades fiscales.
Con toda seguridad que existen cálculos, hay aproximaciones del número de ‘chocolates’ que no pagan impuestos. La triste realidad es que los números pudieran ser muy conservadores o escandalosamente altos.
El problema es que tanto el gobierno federal como el del estado carecen de un control de este tipo de unidades y con toda seguridad los daños a la economía y al sistema ecológico del estado se está incrementando y nadie hace nada.
Para nadie es oculto que un alto porcentaje de estos ‘chocolates’ son vehículos de desecho para los gringos y los canadienses, mientras que para economías como la nuestra, son verdaderas ‘ofertas’ por el precio de compra, aunque después de un tiempo permanezcan varados cuando no se encuentran las refacciones que los pongan otra vez a circular.
La política nacional en este tema ha sido no solo de tolerancia, si no de solapamiento para ‘mexicanizar’ muchas de estas unidades que también lastiman la economía de los fabricantes y distribuidores de automotores y claro la de la misma población.
Una verdad innegable es que inicialmente los ‘chocolates’ tuvieron precios muy bajos de tal manera que hubo familias de muy escasos recursos que compraron al contado o a plazos unidades americanas.
Un problema adicional que han vivido muchas familias con los ‘chocolates’ y autos ‘mexicanizados’, se presenta en los accidentes de tránsito, sobre todo cuando con el pago de daños y entre mayores sean, los problemas financieros son mas agudos.
Los ‘deshuesaderos’, ‘yonkes’ o ‘cementerios’ de autos, aparte de un muy mal aspecto citadino, son un depósito de chatarra que ocasionan el criadero de cientos de plagas que van desde el mosquito del dengue, hasta la proliferación de roedores, arácnidos, reptiles y demás alimañas perjudiciales al ser humano.
Cierro este espacio con un despertar triste, cuando pese al paraíso financiero que la hacienda federal y estatal hacen con la ‘mexicanizada’ y las ‘mordidas’ de importación para que circulen los ‘chocolates’ hay problemas adicionales que se generan y ahí todo mundo calladito.
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