Un nueva faceta del Congreso

Muchos años estuvimos acostumbrados a padecer las sesiones del Congreso del Estado, repleto de agitadores e ignorantes de la política y su función como representantes populares.

Muchos de ellos llegaban a la tribuna del estado de Tamaulipas a despotricar contra los partidos opositores al suyo: el Partido Revolucionario Institucional resultaba afectado con lo que en tribuna se decía y la manera en que se hacía. Hoy, las cosas han cambiado.

No es fácil coordinar los esfuerzos de una instancia como es la Cámara de Diputados; en Tamaulipas se ha desarrollado un trabajo altamente interesante en ese sentido, dado que nuestros diputados se dedicaron a hacer su trabajo en gran parte, y los chismes y acusaciones quedaron para otra ocasión.

El diputado Carlos Solís hizo desde su responsabilidad una labor que se ha reconocido en círculos políticos: su capacidad para concertar está puesta de manifiesto, y los resultados, insistimos, son buenos para la mayoría.

Entendemos que siempre habrá alguien a quien no le guste siquiera el amanecer o la puesta del sol, pero no se puede dar gusto a todo mundo, y así lo entendió el diputado Solís, quien, heredero de una tradición política comenzó a escribir su propia historia.

Legisladores de oposición al PRI tuvieron la capacidad de colaborar con los trabajos de la actual legislatura, y dejan una importante tarea para los que vienen, en el sentido de que se debe hacer política en bien de la comunidad a la que representan, y dejar los pleitos de partido para después, en otra ocasión. Centrarse en su responsabilidad ha sido una buena actitud.

Ser oposición no es inconformarse con todo lo que se escucha y pretende realizar, sino actuar con responsabilidad, insistimos, defendiendo los intereses de la sociedad y no los de los institutos políticos.

Siempre hemos sido enemigos de que se hagan consensos partidistas, que se vote en bloque, porque no son las mismas necesidades las de habitantes de distintas zonas en la entidad, como puede ser la zona fronteriza, la zona conurbada del sur, o la zona del altiplano tamaulipeco, por ejemplo.

Y dicho sea con toda objetividad: la legislatura que encabeza Carlos E. Solís deja una buena imagen.

Precedida del trabajo de Guadalupe Flores de Suárez, la Cámara tamaulipeca ha mostrado que siendo de distintas formas de pensar se puede actuar civilizadamente y procurar el bienestar de la mayoría de los tamaulipecos.

Muchas leyes han sido reformadas en bien de nosotros y se ha trabajado también para ayudar a quien se debe auxiliar, como son los estudiantes de bajos recursos y que requieren apoyos -becas- para seguir preparándose; la ley que se refiere a evitar el bulling en las escuelas también es una muestra de que cuando se quiere trabajar se pueden hacer bien las cosas y puede multiplicarse la cantidad de beneficios para los que tenemos la fortuna de vivir en Tamaulipas.

Ya los legisladores están preparando su salida porque vienen los que recientemente han sido elector para la responsabilidad, así como los que, sin merecerlo a veces, tomarán una curul por el beneficio que les da el ser plurinominales, que no es más que un regalo o un privilegio de los más cercanos a quien dirige cada instituto político.

Sea lo que sea somos de la idea de que nuestro actual congreso ha trabajado y bien, mereciendo una nota social de sobresaliente, a juzgar por los resultados obtenidos en los últimos años.

La responsabilidad concluye para todos, y las oportunidades laborales se presentan para aquellos que hicieron bien las cosas, que actuaron de buena fe y tratando de buscar el bien de sus representados.

El Congreso ha trabajado bien según nosotros, y quien les dirige ha sido capaz de conjuntar esfuerzos y experiencias para lograr tal resultado.

Buena tarea sigue a los que vienen, porque tendrán que superar lo que hicieron los que, al día de hoy, siguen siendo nuestros representantes populares.