Sin equivocación a ella se le puede ubicar como la mujer con más suerte en Tamaulipas.
De origen humilde, nativa de Villa, Mainero, ha escalado por casualidad importantes cargos de elección popular y no se arruga cuando desliza por su boca con todas sus letras la frase de que sueña con la gubernatura de Tamaulipas.
Partió al Distrito Federal siendo todavía una joven inocente, sin malicia, para ocupar un escaño en el Senado de la República, pero quién sabe que malévolo gañan le metió en su cabecita que merece más, que no se detenga, porque la vida le ha sido generosa y que su buena estrella pose una luz intensa que no se tiende a disolver.
Apenas llego a la cámara alta, despertó, y de inmediato envió una carta mal redactada a un matutino de Ciudad Victoria para acusar a este columnista de “tratar” de sobornarla al igual que acostumbran los periodistas. Graso error político, porque varios comunicadores se le fueron a la yugular y la masacraron por generalizar, lo que la obligó a frenar esa acción tan precipitada, tan temeraria y, tan infantil.
Claro que ella no tenía elementos para respaldar dicha acusación, en razón de que en mi vida me he cruzado en su camino. Esto significa que no la conozco en persona y que no me interesa conocerla, aunque si me preocupa como tamaulipeco que se le agregue a la lista de panistas que empujan para buscar el lugar que hoy ocupa el ingeniero Egidio Torre Cantú, porque por su inexperiencia temo por el futuro de mi hijo, de sus descendientes y de muchos más.
Y todo inició porque fabriqué una colaboración que titulé “La Penélope”, aquella que es dibujada en una melodía de Joan Manuel Serrat como una mujer de puerto humilde, cariñosa y enamorada, que con un pañuelo en la mano despedía a su galán, quién luego regresó a su lado envejecido, ya demasiado tarde.
Algo semejante le sucedió a ella, porque su mancebo retornó de los Estados Unidos dónde intentó hacer fortuna para casarse, sin embargo se encontró con una mujer diferente, vestida con prendas finas, con una Senadora de mirada fría en cuyo corazón ya no había un espacio para un insignificante pueblerino.
Del anafre, ella saltó a la comodidad de una curul y rápido se convirtió en una mujer de mundo, aunque poco letrada, sin embargo su buena fortuna la perseguía y luego de chiripa –otra vez, logró la diputación federal, dónde su trabajo y su ignorancia siguen siendo severamente cuestionados por los medios.
Pero no solo eso, el nombre de Lazara Nelly González Aguilar flotó y aparece de nuevo en una lista de 56 legisladores federales que carecen de titulo universitario, junto con otros y otras como Josefina Salinas Pérez, del PRD, quién dejo de estudiar a los 17 años para dedicarse a las labores del hogar.
Y cerca de ella, en ese listado, figuran también los nombres del senador Armando Neyra Chávez, quién solo cuenta con la primaria y de muchos otros más del PRI, PAN, PRD, MC, Nueva Alianza , PT y PVE, que solo tienen secundaria y preparatoria.
Por eso es que los comentarios en contra de todos ellos abundan en los mensajes electrónicos en los que los usuarios los califican mínimo de ineptos y descarados, porque mientras que a un profesor le exigen titulo para poder acceder a una plaza y para evaluarlos conforme a la reforma educativa, ellos disfrutan del dedazo y de su buena suerte.
Hoy Lazara Nelly es una diputada federal con licencia y será la alcaldesa de Mainero, Tamaulipas, puesto que gano de manera cerrada la elección, aunque se duda que le interese el cargo, por aquello de que en la cámara baja se disfruta, y bien, de la comodidad, de las lisonjas que recibe a su paso y, del billete, como los más de 2 millones de pesos que recibió por concepto de un bono que le asignó la bancada del PAN a sus legisladores por su “brillante” actuación.
A ella, allá en su pueblo, se le conoce como “La potranca fina”, aunque su paso por las Cámaras no la ha obligado a que entre sus gustos musicales elimine de la lista a “K-paz de la Sierra”, lo que denota que no ha perdido totalmente su esencia campirana.
Con esa mentalidad, que Dios me proteja si ella llega a convertirse en gobernadora.
Mejor dicho, que el Señor nos proteja a todos los mortales.