¿IVA para adelgazar?

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Inverosímil resulta la versión que hemos leído y escuchado, criticado por muchas personas, en el sentido de que habrá un impuesto al valor agregado a los refrescos, con la idea de combatir la obesidad.

Tan irrelevante e incongruente nos parece la medida –opinión personal- como si se tratar de desalentar la compra de productos que son dañinos a base de tributos.

Insistimos en que nos parece inadecuada la decisión de subir impuestos para tener más dinero: si la autoridad aplicara la inteligencia ciudadana, la necesidad de propiciar el bienestar social o de cumplir con sus gobernados, seguramente en lugar de buscar nuevos impuestos provocarían que todos los mexicanos pagásemos lo justo, lo necesario, lo que se debe pagar.

Insistimos en que un 70 por ciento de mexicanos está sin pagar impuestos, y entre ellos, la clase política y la clase empresarial que se maneja en altas esferas de poder, manipulando opiniones y generando una desinformación tal que hacen que el país se ponga en crisis.

Si subimos el impuesto a los refrescos, nos parece una medida tan inútil como el hecho de que se debiera subir el impuesto a los cigarrillos y a las frituras, para evitar la obesidad y el cáncer entre otras cosas, o subir a la cerveza y vinos para que no haya borrachos en el país.

Sería tan tonto como pretender cerrar hoteles de paso porque atentan contra la moral de mucha gente, o imponer tributo por ver espectáculos poco dignos de una sociedad con alta moral, como podría ser el hecho de ver las sesiones de la Cámara de diputados, lo más inmoral que puede haber para el grueso de la población.

Para evitar la obesidad se tiene que trabajar en conjunto y ya: la Secretaría de Salud en el país instrumentó programas que son replicados en las entidades del país; Tamaulipas tiene una eterna y fuerte lucha contra los gordos y obesos en base a estrategias de actividad física y enseñanza nutricional. No hay más, porque sabemos que el combate a los kilos de más inicia en la casa, en donde nos inculcan los primeros pasos para tener la clase de vida que tenemos.

Las escuelas vienen después, pero la base inicia en la casa, y negar lo anterior es hacerse tonto.

De forma tal que, suponemos que cobrar más impuesto a los refrescos empobrecerá a las clases medias, media baja y baja, porque quien tiene mucho dinero seguirá consumiendo porquería cara y de difícil digestión.

De todos es sabido que México es de los países con mayor consumo de refrescos embotellados por persona. ¿Qué hacer entonces?

No cobrar impuestos sino ponerse a trabajar.

Por una parte, la autoridad debe exigir a las refresqueras que pongan anuncios y hagan campañas que expliquen cuántas calorías se consumen, tal y como lo hicieron con la industria tabacalera que nos ofrece patéticas imágenes en cada cajetilla.

Podrían, también, encaminar sus esfuerzos a obligar a Televisa y TV Azteca, los grandes manipuladores de la información, para que obligadamente y por ley inflexible dediquen tiempo a promover la cultura de la alimentación sana y ejercicio adecuado.

Que en sus anuncios que cobran por mucho agreguen leyendas que se vean y digan algo así como “Este producto produce obesidad mortal”, pero no con las letritas que acostumbran cuando rezan que “es un programa ajeno a cualquier partido político” y más.

Que no se hagan, que avisen a la población de los graves riesgos de la obesidad y el sobrepeso, que los refresqueros digan lo que venden, pero de ahí a que les quieran cobrar impuestos… no estamos de acuerdo, aunque nuestra opinión no valga mucho que digamos.

Cobrar impuestos por todo lo malo no alcanzaría ningún salario para cubrirlos.

Ojalá los diputados y senadores, entre los que hay infinidad de obesos, gordos y tripones, se pongan a trabajar con responsabilidad y entiendan para qué están cobrando lo que cobran