Sucedió hace ya algunos años en nuestra ciudad, y desgraciadamente, en el seno de las ligas deportivas de la Universidad Autónoma de Tamaulipas: un pequeño aspirante a jugador de fútbol que negado en sus derechos por haber sido diagnosticado con diabetes mellitus tipo 1.
El caso iba a ir lejos, a no ser de la siempre oportuna intervención del entonces secretario general de la UAT, MVZ Fernando Arizpe García, quien ordenó a quien correspondía no violar los derechos del menor.
Nunca hubo problemas con el chico: se desenvolvió bien y supo conjugar la diabetes con el deporte. Nada extraordinario cuando se hacen bien las cosas.
El caso vuelve a presentarse en nuestro país, y específicamente en el municipio de Cajeme, en Sonora, donde retrógradas pseudo educadores dieron de baja a un pequeño de 8 años de edad por tener diabetes, argumentando que el personal no tiene la capacitación necesaria para enfrentar este problema de salud.
El diario El Universal, de circulación nacional , da cuenta del hecho y hace ver que en este asunto el secretario de Educación y Cultura sonorense Jorge Luis Ibarra Mendívil informó que es un colegio particular, pero no precisó si habría sanciones o algo por el estilo. Postura muy común en funcionarios y servidores públicos: discurso, demagogia y nada de acción.
La Comisión Estatal de Derechos Humanos ha intervenido en Sonora y al parecer reincorporarán al pequeño a sus clases luego de haber sufrido la discriminación que en infinidad de ocasiones sufrimos quienes vivimos con diabetes.
La discriminación va desde el hecho de llegar a sitios de comida donde no existen bebidas para quien no consume azúcar. Pensará el lector que somos exagerados, pero en países desarrollados estas actitudes propician multas muy fuertes y señalamientos ante la discriminación de que somos objeto.
¿A que le temen los maestros del Bellavista?
Como personas preparadas debieron actuar con responsabilidad y madurez. El caso fue hecho del conocimiento de la Federación Mexicana de Diabetes A.C. para que se haga algo al respecto y no se permita más esta y otras formas discriminatorias para poco más del 14 por ciento de mexicanos que vivimos con diabetes.
Nos sentimos en tiempos en que hombres de piel oscura eran marginados, o de otras etnias, clases sociales e inclusive religiones, donde se supone, todos somos hijos de Dios.
No podemos quedarnos callados ante estas acciones y debemos actuar. A las autoridades sanitarias, de derechos humanos,. De salud y otras, exigir que nos traten como a todos los mexicanos. No es posible, por ejemplo, que en el cuadro básico no existan los medicamentos todos que se necesitan para ciertos casos de enfermedades como la nuestra.
No más discriminación es el clamor de todos nosotros. Hacemos eco en la queja que de no ser por los medios de comunicación no hubiera pasado nada.
Está comprobado que esos cobardes como autoridades del colegio Bellavista tienen más miedo a una nota en donde se les exhiba que a una acción legal, quizá porque lo legal no funciona muy bien que digamos.
Es aquí donde quisiéramos hacer notar a quienes ingresarán al nuevo grupo de legisladores en Tamaulipas, que se hagan valer nuestros derechos y en la Ley General de Salud del estado se establezcan multas muy elevadas para quien siga discriminando a cualquier persona, mexicano, tamaulipeco, ser humano, pues.
No se debe permitir este tipo de cosas: hay que denunciar ante todas las instancias posibles.
Este caso y el que describimos con anterioridad son significativos, pero no debemos dejar que prevalezcan, que se aumente el número, sino por el contrario, pugnar por la equidad no de género, sino de todo tipo para toda la gente.
Somos partícipes de un mundo con equidad, es decir, en español claro: todos iguales para todos, nadie es de sangre azul, pues.