Desde el inicio de su gestión como alcalde de Ciudad Victoria, Miguel González Salúm se comprometió con prácticamente todos nosotros a hacer una administración eficiente y que dejara huella. Hoy, a escasas 24 horas de dejar el cargo, el jefe de la comuna victorense suponemos que se sentirá satisfecho por su labor en la administración local.
Hemos comentado de aquellos tiempos cuando le entrevistamos en su despacho de la CNOP Tamaulipas, siendo dirigente estatal; antes, como diputado federal, nos ofreció una labor de gestoría interesante y provechosa para la entidad.
Miguel llegó a la esquina del 17 Hidalgo con expectativas prometedoras que hoy se han convertido en un sinnúmero de obras y cristalización de necesidades que han sido cubiertas en los casi tres años de su gestión. Le tocó una administración “corta2, porque concluye prácticamente 90 días antes que otros períodos, sin embargo, insistimos en que la calificación popular sigue siendo muy aceptable, sobresaliente, y para muestra, están las calles y colonias de la ciudad, los ejidos y ranchos y las obras hablarán por sí mismas.
Logró reunir a un buen equipo de colaboradores, todos, victorenses con capacidad demostrada y honestidad manifiesta. No dudamos que haya habido los tradicionales “prietitos en el arroz”, porque a la fecha no conocemos una administración perfecta, pese a que muchas veces se trate de justificar errores con discursos.
Miguel hizo una administración de poco recurso dialéctico, de poco discurso en los medios; supo manejarse discretamente en ese sentido, y su oficina de comunicación social brilló por su ausencia y falta de protagonismo, lo que, según cánones y comentarios de expertos, es positivo. Lejos quedaron aquellos jefes de prensa que tuvieron sus antecesores, ávidos de reflectores, con complejos de únicos en el mundo y sabelotodo del tratamiento hacia los mass media.
Esos falsos comunicadores sirvieron a otros alcaldes para hacer dinero y entorpecer las relaciones entre la administración y los periodistas. En este caso, no hubo ese trato discriminatorio para ninguno de los periodistas de cualquier nivel, que, finalmente, tienen cada uno su propio peso social y de credibilidad.
Supieron manejarse discreta pero eficientemente, colocando la información requerida por nosotros en el portal de la Presidencia Municipal y no cerrar nunca las puertas del alcalde a los medios ni a la ciudadanía.
Luego sucede que los jefes de prensa son como unos dioses: no se les puede ver ni tocar, ni hablar con ellos, a menos que se trate de alguno de esos que se conocen como los comunicadores de prestigio y que no aportan mucho que digamos a la sociedad.
Los encargados de difusión hicieron un trabajo discreto y positivo, permitiendo que conociéramos los resultados de las gestiones y obras municipales.
Sinceramente, cuando se tiene a un servidor público de la calidad de González Salum pensamos que se debe aprovechar al máximo sus capacidades y no dejarlo ir al anonimato que pierde a muchos y a otros, ya olvidados, los convierte en columnistas.
Hemos platicado con mucha gente de todos los ámbitos sociales y coinciden en el sentido de que la calificación, si hubiera ésta por parte de la ciudadanía, hacia el alcalde saliente González Salum, es positiva, aprobatoria y satisfactoria.
Da gusto, sinceramente, y lo anterior deja un compromiso muy grande a la administración que está por llegar, porque deberán, si no mejorar lo que hico González Salum, al menos igualar la capacidad humana y de gestión demostrada en casi tres años.
La calidad humana del hombre se sobrepuso a las ambiciones políticas: nunca perdió el piso y siguió siendo un mortal más, con una responsabilidad que cumplió, según muchos y nosotros mismos, con una excelente nota aprobatoria.
Tamaulipas necesita personas que sirvan, humanos, sencillos, tratables, visibles, localizables, que no se pierdan en esas burbujas de cristal donde los servidores se encierran y pierden todo conocimiento de la realidad que usted y yo vivimos.