Predicar con el ejemplo

No se puede decir que seamos buenos cuando uno personalmente no lo es; no se puede pedir a la gente que no escuche música estridente cuando tenemos las bocinas a todo volumen.

Menos podemos pedir a un paciente de nutrición que no coma en exceso, que mida sus calorías y su peso cuando tenemos una circunferencia tremendamente grande, cuando estamos completa y totalmente obesos.

No se puede pedir a la gente que no robe cuando vivimos en jauja, demostrando que los lujos son nuevos y excesivos, que nuestro ritmo de vida ha cambiado de un día para otro.

Tampoco se puede pedir a un pueblo que se apriete el cinturón cuando vemos que en las giras oficiales se derrochan recursos en transportación y otras cosas, cuando nos damos cuenta del tiradero de dinero, y en contraparte, nos piden aguantar alzas de tarifas y servicios, impuestos y demás tonterías.

Se acaba de anunciar el alza a las tarifas de luz; acaba el llamado horario de verano y volveremos a pagar esas cuentas estratosféricas en los recibos de servicio eléctrico. Pareciera que no se han dado cuenta nuestros representantes populares y gobernantes que somos de una región sumamente cálida, tremendamente caliente, y que el consumo elevado de luz obedece a subsistencia, supervivencia más que a un lujo.

No podemos pensar esas cosas cuando vemos que no hay un ejemplo claro y contundente. Los que dirigen deben entender que son líderes –o los pusieron a que semejaran serlo- y deben predicar con el ejemplo, o al menos, así pensamos muchos de los mexicanos comunes y corrientes.

Comentábamos el día de ayer que en el XVII Encuentro Nacional y VII Internacional de Investigación en Trabajo Social encontramos a directivos de varios estados que buscaban la sede del próximo encuentro. Sin embargo, se quejaban amargamente de la escasa participación de sus alumnos e investigadores. No se puede exigir o buscar un evento científico cuando no somos capaces de tener una estructura de investigadores que esté produciendo y participando.

Entendemos que no es fácil porque falta demasiado recurso para los investigadores, entendemos que no fluyen los apoyos correspondientes por las vías adecuadas y nos vemos orillados a buscar por otras partes. Todo eso lo sabemos, lo entendemos, lo vivimos, pero no podemos estar de acuerdo en que una institución pida una sede de eventos científicos y de investigación cuando no hemos propiciado la misma en nuestros alumnos.

Como que ya es tiempo de dejar de simular que somos lo que queremos ser y abocarnos realmente a ser lo que merecemos. Las instituciones de educación superior, lo hemos dicho, son nidos de gente que quiere participar como protagonista en el contexto nacional, y requiere de todo el apoyo para hacerlo.

Finalmente, una institución vale lo que su gente vale, y brilla en relación al trabajo de cualquier tipo de sus compañeros.

Aguascalientes nos dejó muchas enseñanzas y experiencias que esperamos poner en práctica en breve, a través de protocolos de investigación ya en marcha y que pretenden convertirse en referente de lo que hacemos y somos en Tamaulipas, y específicamente, en nuestra Universidad.

Hay que dar el paso y comenzar a trabajar fuerte en aras de convencer a la opinión pública de lo importante de nuestra función. Que no nos vean como bichos raros y nos quieran manejar los clásicos programas de acuerdo a un discurso obsoleto y carente de autenticidad.

Es la hora de que las unidades de la UAT se forjen nuevos derroteros y comiencen a tratar de mejorar los indicadores de calidad investigadora y docente a niveles que no se conocen. No estamos mal, pero necesitamos estar mucho mejor en estos aspectos.

Es momento de sacar a relucir nuestras mejores armas en aras de la educación y la investigación, de hacerlas valer, de mostrarlas a la comunidad científica universal, pero para ello, es el momento de encontrar los apoyos necesarios que permitan a la comunidad investigadora trascender, sin excusas de tiempos administrativos o políticos. La ciencia y la investigación no conocen de ello, pues.