Nuevo Laredo, Tamaulipas.- El secuestro de migrantes que llegan de América Central y del sur del país continúa en esta frontera; se trata de personas que al llegar a bordo del tren carguero, son bajados y privados de su libertad antes de llegar a esta ciudad, señaló el director de la Casa del Migrante, Jesús Manuel Reyes García.
Un ejemplo es el de tres migrantes, que luego de varios días de haber sido secuestrados y golpeados, llegaron al albergue “impresionantemente golpeados y tableados, con la espalda enrojecida y sangrando”, además de otras tres que fueron solo golpeadas, detalló el sacerdote católico.
Otros siete migrantes deportados que fueron deportados de Estados Unidos, se encuentran en la disyuntiva de volver a cruzar el río Bravo, pero con la posibilidad de que sean encerrados hasta por 10 años por reincidencia.
Estos migrantes son parte de los 6 mil 200 que en este año han sido atendidos en dicho lugar, y entre ellos hay 7 mujeres de un total de 60 que hasta el momento acudieron a solicitar apoyo, ya que algunas fueron abusadas sexualmente en el trayecto a esta ciudad.
“Tenemos el caso de una muchacha de Guatemala que se vino de allá porque su marido la golpeaba, y por ello lo metió a la cárcel. El marido va a salir de la cárcel y se vino para acá, en donde fue secuestrada, pero al poco tiempo se fue”, señaló.
La mayoría de las historias de migrantes que se cuentan en el albergue, son de deportados “tristes, sobre todo porque se trata de personas que ya tienen 15 o 20 años en Estados Unidos, y para ellos es muy triste enfrentar unas nuevas realidades como deportadas”, explicó, tras señalar que no todos son casos de abuso que sufren los migrantes, ya que otros son más delicados, los que se archivan para su posterior consulta.
“Aunque estas situaciones han disminuido, seguimos atendiendo a deportados, golpeados, extorsionados, secuestrados y casos de abuso”, reiteró.
Del trabajo que realiza a favor de los migrantes, dijo el religioso que cuando llegó a la ciudad, hace poco más de un año, si recibió algunas intimidaciones, “pero fue porque no me conocían y fue solo una ocasión, gracias a Dios”, expresó.
La Casa del Migrante depende de la Diócesis de Nuevo Laredo, y subsiste gracias al apoyo de las personas que ayudan con ropa y alimento, aunque el gobierno estatal dona cada mes 100 mil pesos para el pago de salarios, servicios, y el mantenimiento del lugar, además de 600 pesos semanales que recibe igual número de migrantes, como apoyo.


