Orden en nuestras calles

Sin lugar a dudas que Victoria, la capital de Tamaulipas requiere urgentemente de orden en sus calles: tenemos problemas que se relacionan con la falta de cultura vial y de señalización adecuada. Se hacen esfuerzos y hemos de reconocer que se avanza, aunque quisiéramos que fuera a un ritmo más vertiginoso.
La anterior administración que encabezó el contador Miguel González Salum se propuso y logró que la nomenclatura tuviera un orden lógico: muchas de nuestras calles cuentan ya con letreros para que sepamos al menos como se llaman. Cierto, faltan muchas más, pero hay que ver el avance, no el retroceso.
Sin embargo, hay cosas que pensamos que se pueden hacer con ingenio, trabajo y poco dinero. Una de ellas, es el acceso al Centro Universitario y la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social –IMSS-, que entendemos y vivimos a diario, está muy abandonado.
Subir la “loma” es difícil en horas “pico”, principalmente en las mañanas cuando cientos de estudiantes acuden a sus clases en la Universidad Autónoma de Tamaulipas y se juntan con los estudiantes del Colegio Antonio Repiso, trabajadores del IMSS, comunidad estudiantil de las preparatorias y del Centro de Salud Urbano: todo se junta y hay grandes congestionamientos.
Pero vemos que la subida está totalmente oscura: sus luminarias no funcionan o no las prenden, y la carpeta asfáltica está más oscura que una noche de miscelánea fiscal.
Pensamos que bien podría dedicarse un poquitín del dinero de nuestros impuestos en mejorar este acceso que, por su escasa visibilidad está susceptible de que haya accidentes. Una de las medidas que quizá funcionarían es el pintar las líneas divisorias de los tres carriles existentes con pintura fluorescente –fosforescente, dirían otros- para que, al paso de los vehículos, como sucede en algunas carreteras, la misma luz de los autos permita que se visualicen adecuadamente.
Entendemos que no es pintura de bajo coste, pero sí es más barato tomar una medida de este tipo que esperar a que haya más accidentes.
Por otra parte, el que los que manejamos tengamos conciencia vial y no utilicemos los teléfonos celulares, que abrochemos el cinturón de seguridad, respetemos los límites de velocidad y, sobre todo, entendamos que vivimos en una comunidad y no somos los únicos habitantes del mundo. Como dicen algunos: “no somos la última Coca del desierto”.
¿A qué viene lo anterior? A que todo mundo se para en doble, triple y a veces cuádruple fila para que los hijos lleguen a sus clases a tiempo. No se puede evitar quizá, pero sí se les puede decir a los muchachos que bajen rápido, para que estorbemos el menor tiempo posible.
Nadie es más importante que los demás: somos tan victorenses unos y otros, y por ello, tenemos el mismo derecho a circular sin que nos estorben los demás.
Entender que las luces de estacionamiento o “flashers” no son más que preventivos y no es el hecho de prenderlos y cometer atropellos viales o ignorar los señalamientos y disposiciones.
Si no tenemos en la mente y el corazón el espíritu de solidaridad con los demás, no podremos ser una sociedad justa para todos.
La cultura vial debe ser promovida por las autoridades de tránsito, pero debe ser aceptada, entendida y acatada por los que manejamos, porque de otra forma, no habrá cantidad suficiente de elementos de tránsito para poner orden, y la ciudad lo que necesita es orden: dejar de pensar que somos influyentes o únicos es fundamental en este sentido.
Hagamos de Victoria lo que merece nuestra ciudad, cooperando para que haya más respeto por los demás: no se estacione en doble fila, respete a los otros automovilistas y verá que cambiarán mucho las cosas en nuestra querida capital de Tamaulipas.
Comentarios: [email protected]