Y, ¿Dónde quedaron ellos?

El hecho de ser una entidad fronteriza nos ubica en una condición diferente a otros estados de la República Mexicana; los que tenemos vecindad con los Estados Unidos de América vivimos situaciones muy específicas que, definitivamente, no se podrán experimentar en estados del Bajío o el sureste por situaciones completamente naturales.
En la frontera desde hace muchos años existen los llamados “productos gancho” y otras cosas, términos que únicamente ahí son válidos. Los automóviles con placas fronterizas son, para muchos, un privilegio de la gente de esta zona, pero para quien vive pegado a la franja con los americanos es una forma de vida.
Los impuestos y promociones también tienen distinto significado, y entre ellos, el Impuesto al Valor Agregado es distinto no por privilegios a la frontera, sino porque así se determinó que fuera en bien de la población.
Los comerciantes son un termómetro de lo que sucede, y en ese sentido, llama poderosamente la atención que tengamos una diputada federal emanada de ese sector y que hoy en día se convierta en cómplice –así lo ven los comerciantes- de la decisión de homologar el IVA fronterizo con todo el país.
Una traición, dirían los más sensatos.
En primer lugar, somos de la idea de que cada quien debe atender los rubros que ha decidido emprender en su vida. De esta forma, hay políticos, médicos, comerciantes, empresarios y demás, que tienen un rol determinado en la economía y vida del país.
Hoy se estila que cualquiera se dedica a cualquier cosa. De esta forma, vemos políticos desempleados que se meten a columnistas sin tener idea de lo que es el periodismo y los principios de esta actividad, o comerciantes que se meten a políticos; empresarios que quieren jugar a ser representantes populares y así, podemos ir una a una por las profesiones sin entender qué les mueve a cambiar de giro.
Bueno, sabemos qué les mueve realmente, y es la ambición de poder y otras cosas reñidas con la probidad individual.
El hecho de que la legisladora federal Patricia Araujo De la Torre haya decidido cambiar su giro de comerciante por el de política se entiende cuando sabemos que en su familia hay el antecedente en esta actividad, pero de ahí a que emita una opinión desfavorable para sus ex – agremiados, como que no nos queda muy claro.
Ella mejor que muchos legisladores improvisados sabe la necesidad que tienen los comerciantes en materias tributarias y de otra índole, por ello, no se explica el que haya llevado a cabo su voto institucional, su voto corporativo a favor de una mayor recaudación, como en los tiempos en que el rey imponía más impuestos para tener más dinero en lugar de fomentar actividades productivas o un sistema recaudatorio más justo, en el que todos, absolutamente todos paguen sus impuestos de la manera en que corresponde.
Somos de la idea de que es injusto que los que más tienen paguen más: ya de por sí, el que gana diez veces más que otros, en una medida equitativa e igualitaria, pagaría diez veces más impuesto.
Condenamos la política populista y “chicharronera” de “favorecer a los pobres sacrificando a los que producen. Esa medida fomentará el desaliento en los que sí trabajan, sin lugar a dudas.
Pero de ahí a que la ex dirigente de una Cámara de comercio se acople al grupo de insensibles legisladores que dieron batacazo al comercio organizado, no nos cabe en la cabeza.
Lo vemos como una traición a los orígenes de cada quien, porque ella bien sabe que los comerciantes están indignados con su voto y el de otros que, simulando ser representantes populares dieron el golpe a las familias mexicanas, y específicamente, a los que colaboran con la productividad en la zona fronteriza.
Y entonces nos preguntamos: ¿Dónde quedaron los representantes populares? ¿Cuándo los cambiaron por los representantes del poder?
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