Las tradiciones actuales

Somos un pueblo de tradiciones, desde nuestros orígenes, y entendemos que los mexicanos somos una raza orgullosa de ellas. No hay más que ver lo que sucede en cada comunidad que aún conserva sus raíces indígenas y las lleva a la práctica.
Orgullosamente, en nuestras calles observamos gente con vestimentas tarahumaras, mayas, indígenas en general, y no se avergüenzan de hablar sus dialectos o lenguas.
En la franja fronteriza se ha desatado una polémica ancestral que ha llegado casi a todo el territorio: las tradiciones que nos ocupan por Halloween y el día de Muertos. La primera, de origen sajón, ha inundado los comercios y costumbres a grado tal que muchos de nosotros aceptamos con desagrado –pero lo hacemos- que nuestros hijos salgan a pedir su “Halloween”, que no significa más que “azuzo o grito de brujas”.
Bien dice el artista José Merced Mcías De León, profesor universitario, periodista, caricaturista y productor radiofónico, además de locutor, que de qué nos asustamos cuando los niños de la ciudad salen a pedir su Halloween, y se cuestiona si acaso la navidad es una costumbre de los aztecas.
Al hacer el presente comentario, Macías explica mucho de lo que vivimos: una invasión cultural multinacional en todo el orbe que impone las que dejan màs dinero al comercio establecido, tal y como sucede hoy en día en el fútbol, cuando tenemos que aguantar las pillerías de federaciones tramposas, integradas por ladrones y vividores, como es el caso de la de Fútbol de nuestro país, o de otros deportes, donde el influyentismo e intereses particulares permean más que el propio deporte.
¡Vaya! Hasta los juegos olímpicos se han prostituido, a grado tal que dicen los amantes del deporte real que si el Barón Pierre de Coubertain resucitara, en ese momento moriría de nuevo.
Los tiempos han cambiado en muchos aspectos, y hemos de aceptar lo que viven nuestros hijos; cierto, hay cosas con las que no comulgamos, pero hay que recordar –los que lo vivimos- cuando la abuela nos exigía dejar de poner música de The Beatles, argumentando que era una “música estridente y nefasta”. Vivimos con ello, con Presley, con The Doors, Led Zepelin, The Rolling Stones y muchos más. Hoy toca aguantar lo que viven ellos, sin dejar de orientarles para que no se fanaticen en nada que pudiera crear una absurda adicción de gustos, música, deporte o lo que sea, tal y como pasa hoy en día con el Facebook, la adicción más terrible de nuestros días, aunque sea disfrutable, pero lo nefasto no se lo quita nadie en el sentido de que dejamos de hacer nuestra vida por ella, y no por lo maravilloso que resulta comunicarse a distancia y en tiempo real.
Las tradiciones del “día de brujas” están estos días presentes. Hay que tener precauciones por la situación que vive México en cuanto a seguridad y demás, pero no podemos privar a nuestros hijos de lo que les toca vivir, y eso debemos entenderlo ya.
También, respetar sus gustos, sus ideas y sus necesidades, que resulta básico en todos sentidos.
No queda más que aceptar a los brujitos y brujitas, a los pequeños fantasmas o diablitos que salen ilusionados por unas monedas o unos caramelos y dulces distintos que la gente le ofrece, aunque en menor escala.
Son ya parte de nosotros. Así como llegaron otras tradiciones a invadir a una nación orgullosa de su sangre y nos impusieron costumbres, religión y otras cosas, así debemos entender que todo evoluciona, y que hay que vivir de acuerdo a lo real, claro, sin perder nuestra esencia, lo más importante del ser.
Cuide a sus hijos, enséñeles lo que puede suceder en estas fiestas y la forma en que deben aprovecharlas, divertirse y gozar, sin poner en riesgo su integridad física, que es lo más importante.
Dejemos que fluya la noche de brujas, que ya mucho tenemos de qué preocuparnos a diario, cuando muchas se convierten en noches de terror.
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