Apenas unas horas antes de la noticia su nombre salió a relucir.
Sería coincidencia, estábamos en sincronía, qué sé yo, el hecho es de que Bruno del Río Cruz formó parte importante de una platica entre amigos en la que se hablo de los aciertos, deficiencias y algunos aspectos chuscos que decoraron su camino por la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Tamaulipas y por otros cargos.
Sobre este último punto, sobre lo chusco, es ampliamente conocida la caballerosidad de Don Bruno y fue eso lo que dio lugar a que se hiciera remembranza sobre algunas colaboraciones que le dediqué hace tiempo y que, según me confesó después, lo retorcieron de risa.
Una de ellas fue cuando junto con Derly Rivas- su inseparable camarada- fue invitado a una cena de postín allá por El Peñón en Ciudad Victoria, dónde al ingresar a una mansión vio a un perico pelón, viejo, ojo saltón y de piel descolorida, sobre el que de inmediato le dijo a los anfitriones: “Qué hermosa y exótica ave. Qué plumaje, qué extravagante y también, que inusual”. Y el dueño del perico le aclaró: “Adicional a eso también sabe hablar y prueba de ello va lo siguiente”.
Dí, “hola Bruno”, le ordenó al perico, y el singular ejemplar repitió de inmediato: “Hola Bruno”.
Las horas transcurrieron en aquel elegante ágape y el perico insistía ruidosamente, “hola Bruno, hola Bruno”, por lo que el invitado admitió que le había robado el corazón.
Al despedirse, el dueño le dijo: “Llévese el perico Don Bruno, se lo regalo”. ¿Como cree, como puede ser que se quiera desprender de esta ave tan maravillosa?, le preguntó sorprendido. El señor insistió, el perico fue depositado en el asiento trasero del coche de Derly y no cesaba de repetir una y otra vez : “Hola Bruno”.
Apenas habían bajado La Loma y Don Bruno ordenó: “Derly, lanza por la ventana a ese pin…. perico que ya me tiene hasta la mad…
Y en aquella platica con mis cuates, otra anécdota fue recordada entre risas, porque también Don Bruno fue la estrella.
Resulta que él cumplía años y sus amigos políticos y la prensa casi se habían olvidado de que existía, por eso le pidió –a quién más- pues a Derly. “Prepárame una fiesta sorpresa y que no falte nada y que parezca que es organizada espontáneamente por el pueblo”.
Pero además, -le exigió- cuando ingrese al salón, con todo el aire acumulado en los pulmones que griten: “Felicidades Bruno”.
Servicial, Derly hizo los arreglos, mientras que Don Bruno se dedicó ha hacer gesticulaciones y dengues corporales frente al espejo para mostrar sorpresa y agradecimiento, como cuando era político.
El gran día llego y dicho y hecho los halagos hacia Don Bruno se desbordaron en aquella fiesta dónde abundó la carne asada, los frijolitos charros y la salsa. El festejado fue ubicado en la mesa principal y cuando se dispuso a saborear los manjares que grita: “Como eres pende… Derly, se te olvidaron las tortillas”.
A raíz de ello Don Bruno me hablo y desayunamos, no solo para comentar esos episodios de su vida, sino también para explicarme el porqué cubrió con tinte su famoso mechón blanco, el que en sus tiempos de juventud hizo que le pusieran el mote de “La Tongolele”.
Hoy, él renunció sorpresivamente como Obusman de Tamaulipas, dónde hizo un buen papel, aunque su peor error fue haberse alejado de la prensa que lo asediaba cuando fue dirigente estatal del PRI y Secretario General de Gobierno.
Don Bruno, sabe que espero que esté bien y sé que digerirá con humor estos comentarios, como en Usted es característico.
Y también, debe saber, que sus amigos, son para siempre.
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