El “women” power

A través de los años hemos tenido interesantes charlas con amigas y familiares del sexo femenino, malamente llamado el “sexo débil”, porque de eso solamente tiene el calificativo impuesto, por una parte, por un grupo de retrógradas que ven en ella –la mujer- n obstáculo o una contrincante para logar lo que desean, y por el otro lado, por ellas, esas féminas que gustan de pedir permiso hasta para vivir y viven sometidas al yugo de la pareja que ellas mismas se han impuesto.
Nada débil resulta ser la mujer en la vida: cuando inicia el proceso del nacimiento, desde la gestación, las damas muestran una inusitada fuerza de carácter y física que les lleva a un embarazo a término, donde comienza esta aventura llamada vida.
Luego, esas que gustan ser golpeadas y sobajadas, humilladas por patanes e infelices que no tienen idea de lo que valen, no tienen más que tomar su papel protagónico en la vida.
No concebimos como un sujeto de poca monta, poca educación y principios rebaje a lo mínimo a una chica, la tache de mentirosa, de “fácil” y resbaladiza, de deshonesta y más, y ella esté aún a su lado, permitiéndole eso y más: todavía pidiendo permiso para verle o para que le pueda desbloquear de sus redes sociales o sus sistemas de comunicación a donde él, en su estúpido machismo, la ha bloqueado.
No lo entendemos, y ellas no deben únicamente no entenderlo, sino no permitirlo, así, claro, NO PERMITIRLO.
Hace ya muchos años la mujer se ganó el derecho a votar sobre una raza machista. Se ha ganado también puestos de trabajo sin tener que recurrir a una estrategia marcada por la discriminación y el ninguneo: la equidad de género, que no es más que reclamar lo que no te has ganado, pedir lo que no es tuyo, y exigir que te traten igual, cuando tú no has hecho lo mínimo por merecerlo.
Para nosotros la mujer es tan valiosa como cualquier ser humano: no hay distingos en nuestra mente para reconocer la calidad y capacidades de un ser humano. La vida nos ha permitido conocer hombres y mujeres muy brillantes, no tanto y muy desagradables. Nada ha tenido que ver el género con lo anterior.
Cierto, en una sociedad como la mexicana, machista y en muchos aspectos estúpidamente racista se requiere de leyes, pero no entendemos, por ejemplo, que se peleen posiciones políticas en números iguales cuando no haya mujeres u hombres suficientes para cubrirlas, o con capacidad para ello. No va por ahí, pensamos.
El lugar que tiene la mujer en el hogar es el número uno: es la que dirige, manda y gobierna pese a esos machos que creen, en un cerrado e ilógico criterio que ellos son los que ordenan, que seguirán siendo el factor de decisión. Su brutalidad es tal que no se han dado cuenta que la mujer les lleva a que ellos digan, únicamente, lo que ellas quieren que ellos digan. Punto.
Se aplaude cualquier tipo de manifestación en la que se procure dar el lugar que merece una dama, una niña, una chica, pero será menester que ellas mismas hagan por ganárselo. No basta con exigir que, por ser dama, se les permita brincar la fila del trámite en la oficina, o que por la misma razón se quede uno sin estacionarse, porque ellas deben ser primero. En ese sentido, todos tenemos los mismos derechos y hay que hacerlos valer, con educación, con cortesía, con amabilidad, pero siempre con el respeto que exige el que un varón tenga hacia una mujer… y una mujer para un varón.
Somos igualmente importantes, porque sin ellas o sin ellos, la vida no sería posible. La mujer es el dinamo de la familia y de la sociedad. Amémoslas, cuidémoslas, pero por favor, ellas, ustedes: no dejen que les sigan pisando, que nadie les hace un favor por salir con ustedes o desbloquearlas del Face o el Whats; nadie tiene derecho a gobernar su vida, si no son ustedes mismas las de la decisión, que será primordial, y para toda la vida.
Comentarios: [email protected]