El náufrago del ITAVU

Apenas si poso un pie en Ciudad Victoria y el rumor que brota como hongo y le dio vida a una versión que no suena descabellada.
El se dejo venir desde Nuevo Laredo, pedazo de Tamaulipas que lo vio nacer y de inmediato, sin querer queriendo, el nombre de su ex contrincante político empezó a circular de boca en boca, con fuerza, con crueldad y hasta, con cierto morbo.
Nada nuevo se dijo sobre la rivalidad política que decoró el proceso electoral que se vivió en esa convulsionada frontera en Julio, pero llamo la atención un puntillo que es digno de comentar por intenso, por peculiar y porque demuestra que al fracaso, también se le premia.
Y cómo no, si la sola presencia del alcalde de Nuevo Laredo, Carlos Canturosas Villarreal, aquí, despertó polémica entre los medios, a cuyos representantes les fue imposible separar ese nombre del de su tocayo, Carlos Montiel Saeb, actual Director del ITAVU de Tamaulipas.
Lo fresco, lo más lozano, es todo lo que fluyo en torno al arribo de ese personaje al área de la vivienda y urbanización de Tamaulipas, una oficina que, al igual que otras, se ha convertido en una endeble fábrica de votos para el Partido Revolucionario Institucional.
La versión estriba en que apenas si se corrió la especie de que Canturosas contendería por un partido diferente al PRI para la alcaldía de Nuevo Laredo, se sentó tranquilo, abrió el cajón de su escritorio y su bolsillo y las ofertas le empezaron a llegar una a una, solitas y, algunas, por demás suculentas.
Y estas fueron de todo tipo, pero ninguna lo convenció y mejor se dejo querer por todos aquellos, por los miles de votantes fronterizos que saben que heredó de su padre un abundante capital político digno de explotación.
Una de ellas, tal vez de la más atractivas, fue que se le entregaría la Dirección del ITAVU en el estado si declinaba, pero su respuesta fue “no”, porque como presidente municipal sería autoridad, no subordinado, lo que lo ubica como un ambicioso incorregible, pero a la vez como un hombre coherente respecto a sus convicciones.
Sabía, Canturosas, que desde ese lugar nadaría contra la corriente, atado de manos y con una especie de bozal para que no muerda, lo que para un personaje de su estatura, sería indigno.
También, estaba consciente, de que eso sería suficiente para frenar el ímpetu que lo mueve, que le hace cosquillas, para buscar otros horizontes más atractivos en tres años, como por ejemplo, la gubernatura de Tamaulipas.
Y la pregunta que saltó de inmediato es: ¿ Sí eso se le ofreció para evitar que fuera alcalde, de qué tamaño será el premio si busca contender por la grande?.
En cambio, el otro Carlos, el de apellido Montiel, si se resignó con el ITAVU, un elefantillo blanco exageradamente arrugado, flaco y sin fuerza, que apenas si puede contener las manifestaciones de colonos informes en su propia casa.
Es, ese organismo, un barco a la deriva, un buque que hace agua y cuyo titular se aferra desesperado con una mano para evitar convertirse en un naufrago más.
Tal vez, este Carlos, se creyó lo que platicó en broma con su rival de que ganara quien ganara la alcaldía de Nuevo Laredo declinaría a favor del otro porque siempre han sido amigos, lo cual, para aquel que se jacte de ser un buen político, significaría perder toda la vergüenza.
Como quiera que sea Nuevo Laredo ya le puso nombre al niño: Carlos.
Pero también apellido, el de Canturosas.

Correo electrónico: [email protected]