Nueva imagen

Cambia el panorama en las calles, no de Victoria, sino de la entidad completa: se acerca la fecha y hay adornos nuevos: como suele suceder en septiembre, cambia todo por banderas e imágenes de los héroes de la Independencia; diciembre se pinta de rojo y blanco, engalanados con el verde color pino que nos hace tener emociones encontradas.
La Navidad llega y con ella, muchas cosas a la mente de algunos de nosotros: suele suceder que entremos en nostalgia al saber que ciertas personas no estarán más con nosotros o porque hay un sinnúmero de personas pobres y desamparadas que están en las calles esperando algo para subsistir siquiera. Ya no diga para festejar, sino para comer.
Personalmente, la Navidad nos pone nostálgicos desde muy pequeños; quizá la falta de algún ser querido como el inolvidable Tío Pancho, o situaciones que nos hicieron tener “celebraciones” carentes de muchas cosas, pero nunca de amor y cariño, el que mamá prodigaba a todos los que estuvimos siempre con ella y aún a los que no lo hicieron.
Nostalgia, llanto, morriña –dirían los gallegos- o algo parecido, pero es tiempo de reflexionar sobre muchas cosas: qué nos ha dejado y llevado la vida, qué hemos tenido que soportar y vivir para estar hoy pensando en una cena que, probablemente no sea lo que pensábamos, pero que se llevará a cabo en familia seguramente, cobijados con ese inmenso amor que suele brotar de cada sonrisa de los tres soles de la existencia personal, y con el afecto y el amor de quien ha significado mucho para nosotros, como suele suceder en las etapas difíciles y las que hemos superado con sencillez.
Es tiempo de pensar en muchas cosas, y no olvidar las básicas: qué hacer a futuro, a donde pensar en construir el porvenir, pero la manera en que lo vayamos a hacer debe estar fundamentada en una calidad física que nos permita hacerlo. Vivir sano deberá ser la premisa de muchos de nosotros, más, cuando hemos experimentado problemas que no entendemos aún por qué han llegado, y al parecer no se encuentra todavía un por qué.
Hemos pensado que uno de los grandes testimonios de Dios es el sol, el Astro Rey, y cuando asoma es la señal que manda el Creador para decirnos: “buen día, te bendigo e ilumino para que veas todos los caminos que he trazado para tu existencia: busca, encuentra y sigue el que más te convenga, yo te digo donde están, tú lo decides”.
Algo así han aprendido los tres desde muy pequeños cuando íbamos al CENDI -¿lo recuerdan, campeones?- y volteábamos la vista al oriente, nuestro camino, y nos encontrábamos de frente con la cegadora luz maravillosa del sol de Victoria y el mundo entero, que sigue brillando en nuestra existencia por diversos motivos: no se apaga: ilumina, llena, alumbra, calienta: nos hace vivir.
Pensamos que no será fácil entender estas palabras para algunas personas, pero tenemos que externarlas antes de que se ahoguen en el pecho y corazón. Son sentimientos que tenemos que fortalecer: la solidaridad y caridad hacia con los demás debe estar siempre presente en todo acto que realicemos. No olvidemos que hay quien tiene menos y es justo compartir.
No. No se trata de ser buenos por la navidad únicamente: hay que tratar de entender una existencia llena de actos positivos encaminados a servir a los demás, a ayudar a quien lo necesite sin esperar recompensa alguna, porque finalmente, si tenemos algo que compartir es porque nos ha ido mejor que a muchos, y si alguien comparte algo con nosotros, será por la misma y única razón.
El frío que se ha dejado sentir nos hace más reflexivos en este sentido, y más solidarios con esas personas abandonadas hasta por sus familiares. Hay que hacer acopio de sentimientos cariñosos y afectivos, para poder compartirlos con nuestra gente, que finalmente, es para quien vivimos.
Las navidades nos dejarán recuerdos y sentimientos: esperemos que todos sean para construir un futuro mejor en todos sentidos.
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