Muere una tradición en Victoria: las “Totas”

Cierto: hay temas que son de mucha importancia y que debieran comentarse todos los días, sin embargo, no podemos dejar pasar el hecho de que poco a poco, en Victoria, capital de Tamaulipas, muere una tradición: las gorditas de Doña Tota.
Mucha gente sabe la historia de este negocio que ha nacido hace ya muchas décadas; aquel tiempo en que había que esperar turno para saborear tan delicioso platillo. ¡Cómo olvidar aquellos excelsos guisos de mole, salsa verde o chicharrón, entre muchos otros! Y no se puede dejar a un lado el recuerdo de las de frijolitos con queso.
En Doña Tota conocimos aquel viejo y tradicional sistema para cobrar lo que comíamos: papelitos… cada papel significaba una deliciosa gordita, y al terminar de almorzar o comer, se contaban éstos para saber cuántas habíamos comido.
Con el paso de los años, se diversificaron los guisos y hubo necesidad de un nuevo sistema de control. Fue cuando teníamos en los platos de plástico color beige los papeles cortados en alguna de sus esquinas –o varias- así como en el centro: cada corte explicaba el tipo de gordita y facilitaba el cobro de las mismas.
Doña Tota se convirtió en un emporio gastronómico: sus guisos y formas de servir se fuero extendiendo por la Unión Americana y nuestro país. Crecieron en forma abundante y llegó el momento en que se podría encontrar una sucursal en varios municipios y estados. Pero llegó el día que no quisimos asimilar: la venta de la franquicia a un monstruo empresarial regiomontano.
Poco a poco, la tradición ha cambiado y no como los “comelones” hubiéramos querido: hoy, Doña Tota ha cambiado su forma de servir, de contar… y de atender.
Hoy, esas personas que sirven tienen que aprender un “novedoso sistema” basado en círculos de colores: etiquetas que, según su tono manifiestan el gusto de cada comensal.
Hoy, ya no se escuchan los gritos por el altavoz llamando a quien había encargado sus gorditas y esperaba pacientemente.
Hoy, también, se sirven gorditas en la forma que sea: ya no hay que esperar el turno para saborear la siguiente.
Pero no son los cambios en las etiquetas lo que ha amenazado tan especial costumbre victorense: la atención ha cambiado.
Hoy, también es justo mencionarlo: cambió forma y sazón, en aras de una transformación moderna que ha hecho que la salsa verde sea más caldo que guiso: que el mole tenga trozos de carne demasiado grotescos, y que los nopalitos no tengan el rico sabor de antaño.
La tradición de Doña Tota muere lentamente, y esa es la forma de ver la realidad de cientos de victorenses y comensales que, tristemente, vamos a desayunar y nos hemos encontrado con otro sabor, otra sazón… con otra forma de atender.
No están más esas señoras que, vestidas de blanco preparaban cuidadosamente una a una las gorditas que disfrutamos por años… por décadas.
Ha cambiado el sabor y la atención.
Cuando uno se dedica a aspectos gastronómicos es menester cuidar la atención. Las quejas se multiplican, pero el sabor, ese delicioso sabor aderezado con un “espere su turno” corre el peligros riesgo de la desaparición y de la nueva imagen de Doña Tota: nada victorense, nada tamaulipeco, porque si algo tenemos es que sabemos atender a los que nos rodean.
Una tradición que disfrutamos miles –probablemente millones, a través de los años- muere lentamente: no hay calidad ni un sistema adecuado. Cambiaron las formas y el sabor, la atención y la sazón.
Hoy, Doña Tota corre el riesgo de convertirse en una añorada historia de pasado. Cambiaron las cosas y todos los que gustamos de este rico platillo meramente tamaulipeco vemos tristemente como muere una hermosa y deliciosa tradición. Tendremos que conformarnos con malos e industrializados sabores, porque Doña Tota ha caído en el olvido, y amenaza con desaparecer. El sabor cambió por el negocio.
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