Realmente es molesto tener que pagar por cosas que no debemos; impuestos ilógicos que nos han enquistado quienes supuestamente debieran ver por nosotros, y que realmente no justifican su creación.
El año de 2014 viene con una escalada de tributos a la autoridad que, insistimos, no se justifican en nada, y realmente nos harán pensar en que lo que nos afecta no está atendido adecuadamente. Las calles son el claro ejemplo de lo que no se hace bien y que tenemos que justificar con acciones nada congruentes, pero que cuestan un mundo de dinero a los ciudadanos.
Y la molestia es precisamente porque en tiempos como los que hemos vivido en los últimos días la falta de eficiencia oficial nos pasa facturas.
No es posible, por ejemplo, ir circulando por alguna arteria de cualquier parte de la ciudad y encontrarnos con un deficiente programa de rehabilitación de las calles, sufrir en un auténtico pozo y tener que pagar por las composturas muchos miles de pesos que no ganábamos a plenitud, y que, ahora, que pagaremos un rosario de tributos arbitrarios, menos nos alcanzará para cubrir.
Somos aún de la idea de que los legisladores deben derogar totalmente el impuesto de la Tenencia de Uso de automóviles; en algunos estados, incluyendo el nuestro, tenemos que pagar cuando las unidades tienen un coste mayor a 200 mil pesos, y el mercado ofrece realmente pocos vehículos que cuesten menos que eso. Hoy, cualquier automóvil cuesta esa cantidad.
No entendemos el por qué nadie de los partidos en el poder según el caso de los estados, o en el caso de la Federación con el Revolucionario Institucional, se “atreven” a dar un punto de vista de acuerdo a las necesidades ciudadanas.
Los que nos gobiernan son seres humanos como todos y no son súper hombres ni súper mujeres, son gente bien –a veces mal- intencionada que piensa que una idea puede convertirse en programa oficial o algo por el estilo y que debe ayudarnos a mejorar, pero nadie puede asegurar que sean medidas totalmente adecuadas.
Ellos también tienen yerros, y para eso deberían estar sus colaboradores y nuestros legisladores. Muy saludable sería que pensáramos que realmente tienen criterio propio y pueden rebatir alguna medida del Ejecutivo y dejar de pensar en que las que se toman son únicas y absolutas, perfectas y positivas.
Quisiéramos ver trabajar nuestros impuestos para salir a las calles tranquilamente, para disfrutar de un buen alumbrado –medido, justo, pero suficiente- o para tener esos parques y jardines en las colonias y fraccionamientos, que merece la ciudadanía.
Quisiéramos ver un verdadero programa de concientización y moralización en cuerpos oficiales de toda índole; quisiéramos ver muchas cosas, pero lo que no queremos, y en eso coincidimos, es en el hecho de tener que pagar por los errores de otros.
Un bache cambia el panorama presupuestal de una familia y no hay forma de demandar o solicitar una justa retribución. Los impuestos se cobran en su mayoría en forma automática: debieran ser las obras, en forma automática, las necesarias y justas, y castigar a quien lucre con el dinero de todos.
Somos de la idea de que México tiene que seguir mejorando, o bueno pues, tiene que mejorar, pero para ello se requiere el concurso de todos, y cuando se emplea esa palabra quiere decir que se incluye al presidente Peña Nieto hasta el más sencillo y humilde de los que vivimos en el país, o sea: todos sin excepción.
No se debe marginar a los “más pobres” o a los “que no tienen tal o cual”, sino incluirnos a todos, pero de esa forma, otorgarnos lo que merecemos.
El deseo del nuevo año es que podamos contar con legisladores con criterios propios, no partidistas ni institucionales, sino con personalidad propia, que legislen para todos nosotros, porque, finalmente, el sueldo que tienen, que es demasiado alto, lo tienen gracias a nuestros sufragios, y eso incluye a todos los servidores.
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