Se acumulan vertiginosamente las horas y aún no lo asimilo.
Apenas este 25 de Diciembre estabas con nosotros y te observé bien, robusto, contento, enterito y ese fue el último día que te tuve cerca, que te vi, que te abracé.
En familia, como siempre, con todos ellos que hoy te lloramos porque ya no estás aquí, porque si hay un Dios, él, sin piedad, te arrancó de nuestro lado y te tomo de la mano, porque se obstina en cobijar entre sus brazos a hombres buenos como lo eras tú.
Tal vez él ya te necesitaba para completar su “staff” de ángeles, porque a lo mejor los demonios le hacen competencia he incrementan rápido su membresía.
Como hijo, mis padres Eulogia y Javier, mis viejos, nada malo pueden hablar de ti, puesto que el cariño y el respeto que siempre les tributaste fue natural y sin regateos, como es propio de quien es agradecido, de quien sabe que ellos te engendraron y que te condujeron por el camino del bien.
Como padre, tu esposa Ana María y tus hijos Edaín y Duván te disfrutaron al máximo y debes saber que piensan de ti que fuiste una persona ejemplar, un hombre amoroso, responsable, un líder que sudó en abundancia para desarrollar bien su papel, porque los protegiste, porque los orientaste y porque su vida siempre estuvo por encima de la tuya.
Como hermano, nosotros, Javier, María Teresa, Martín, Alma Aracely y Alejandro, te convertiste en una fuente de inspiración por tu rectitud, y por tu bondad y, en un ejemplo, por tu tenacidad para proveer con tu esfuerzo a tu familia de todo aquello que brinda estabilidad, pero sobre todo, aprendimos a admiraste, por fuiste generoso en conceder amor, esa palabra de cuatro letras que es tan corta pero que tanto encierra.
Y, como profesionista, quiero que te enteres de que el homenaje que te hicieron tus compañeros maestros, tus alumnos y los padres de familia de le Escuela Primaria Guadalupe Victoria, de la que fuiste director, habla muy bien de ti y provoca que me sienta orgulloso.
Basta decir que ante tu féretro desfilaron cientos de ellos, te lloraron, colocaron flores blancas – ese color que significa pureza- y te dedicaron solo palabras bellas, como se hace con quien deja un legado se respeto, de honradez y, como se hace también, con quien gozó entre sus cualidades las de inspirar confianza y cariño, que son dos características de los hombres que son limpios por dentro y por fuera.
Junto, a tu lado, hermano, caminé durante cinco décadas.
Hermano, ahora, tus cuñados, tus primos, tus sobrinos y muchos más te empiezan a extrañar porque tus cualidades fueron únicas, porque pocos hombres las reúnen y porque sabemos que tu lucha para consolidarte como ser humano fue titánica, por eso tu rostro siempre fue el reflejo de la mortificación.
Pero siempre te lo dije, tu familia no está sola, aquí nos quedamos nosotros para tratar de terminar con la tarea que dejaste inconclusa cuando tu corazón te gastó una mala jugada este 30 de Diciembre.
No te preocupes, hermano, descasa en paz, que nuestra familia es amplia y más grade es aun el amor que tu esposa y tus hijos han cosechado a lo largo del camino porque así los educaste, a tu forma, a tu manera noble y tan peculiar.
Se fue mi guerrero, JUAN ARTURO ROSALES ORTIZ.
Mi amado, mí querido hermano.
Hasta pronto.
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“Si la vida se sostiene por instantes y un instante es el momento de existir”.