Los regalos del Día de Reyes

Como los magos de oriente, muchos personajes de la política tamaulipeca pretenderán en estos días ofrecer los regalos a sus conciudadanos, y que tendrían que ver, probablemente, con la fecha que en la noche del 5 de enero se recuerda en todo el mundo: la llegada de los llamados “Reyes Magos”.
Aquellos personajes llegaron con tres regalos: oro, incienso y mirra; el oro, que era propio de los reyes, para recordar al Jesús rey; el incienso, símbolo de Dios, y la mirra, símbolo del hombre. Cada uno en su justa dimensión tiene un significado importante no para los católicos, sino para el mundo entero.
Hoy en día, tenemos también los simbolismos de aquellos regalos al Jesús de Nazaret, aunque no se han manifestado precisamente de la misma forma.
Algunos servidores públicos fueron ungidos probablemente con el divino regalo del oro, porque han tenido en su mente y actitudes detalles regios, es decir: no pueden permitir que nosotros, ciudadanos tamaulipecos, simples mortales, podamos siquiera dignarnos a saludarlos de mano.
Son actitudes mesiánicas que toman algunos, como el hecho de manejarse en una nube de cuidadores de todos tipos, donde proliferan los que portan armas. No se pueden “contaminar” con el aroma o las manos de la gente común y corriente.
Otros, sin embargo, recibieron incienso, y resultaron mucho más concentrados que los primeros: se sintieron divinos, tocados por el dedo o a mano de Dios, y como dijera la inolvidable colega Jaramillo: “se sienten bordados a mano”. Han olvidado sus orígenes y su forma de vida antes de ser lo que fueron o son gracias al ungimiento de un amigo o conocido que confió en ellos para ser servidores, y ellos, traicionando esa confianza y la de miles de nosotros, lo único que lograron hacer bien durante su gestión es incrementar sus cuentas bancarias personales.
Pensaron en que son “divinos” y evitaron todo contacto con sus iguales, encerrándose en una burbuja de aire estéril de gritos, demandas, reclamos y necesidades sociales, pretendiendo ser lo que nunca pudieron ser en su condición natural, y olvidando que su estatus “divino” dura únicamente seis años cuando mucho, si no es que antes son requeridos a abandonar su responsabilidad.
Pero no todo está perdido en el mundo. Muchos de esos seres seleccionados para ser parte de una administración pública han recibido la mirra, símbolo del hombre, y han entendido que ser hombre natural y normal es lo mejor que puede hacer cualquier servidor.
Nunca perdieron la sencillez de su trato y forma de convencer a la gente: con trabajo, gestiones y todo eso que a todos nos gusta recibir: un trato humano, así de sencillo.
Entendieron que la vida les regaló la oportunidad de servir a los demás y lo hicieron con gusto, con pasión y una entrega humana poco conocida y poco practicada hoy en día. La entrega del verdadero servidor público que sabe a lo que va, del diputado que entiende que representa a un pueblo y no a un grupo de tramposos o una camarilla que entiende que ser buenos es ser “leal” y votar por obediencia y no por convicción ciudadana.
Entendieron los que recibieron la mirra que hay que salir de las burbujas virtuales y estar en la realidad con sus iguales, que hay que servir siempre que se den las circunstancias.
Esos, esos son los servidores que necesita Tamaulipas, y ahora que habrá cambios en la administración local, deseaos fervientemente que quien manda en Tamaulipas entregue, junto con el nombramiento correspondiente, una buena dosis de mirra a cada uno de los que se incorporen, al igual que lo esperamos que suceda en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, con su nueva administración.
Seguramente, quien será llamado será Miguel González Salum, quien ha demostrado que recibió mirra y no oro ni incienso, y como él, muchos otros que mejorarán la imagen de una administración que debe estar al pendiente de todos nosotros.
Esperamos que los regalos de Reyes sean mejor distribuidos… y mejor aprovechados.
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