Es natural en cualquier instancia pública y privada: el tráfico de influencias es un mal existente, aunque no necesario, porque nada de lo que haga daño puede constituirse como algo que debe existir forzosamente: hay que evitar esas cosas, pero no podemos dejar de reconocer que existe.
El tráfico de influencias es natural, como decíamos, en las administraciones públicas, donde algunos malos mexicanos utilizan a sus amigos, compadres, familiares o lo que se atraviese, con tal de sacar provecho de la situación.
Muchas veces actúan al margen de quien manda en el estado o el país, porque tienen la inteligencia necesaria que les permite buscar un contacto que no se exponga, que no los exponga, y sobre todo que no cobre caro, porque no 3stán dispuestos a pagar mucho que digamos.
Los traficantes están en la obra pública, en los conciertos y exposiciones, en la pintura de una escuela o la compra de focos para alumbrar la ciudad. Los hay, como las cucarachas o las ratas, en cualquier lado, y como los insectos antes mencionados, no terminan nunca: cuando uno falla o muere, física o socialmente- se crea en forma inmediata otro similar, porque no puede faltar este tipo de corruptos que han pasado aparentemente desapercibidos en las administraciones, y han hecho de la corrupción y el tráfico de influencias el modus operandi de miles de personas involucradas en sus negocios o prestación de servicios.
La verdad, que éstos “los inadaptados” han tenido mucho que ver en el presunto desarrollo político de toda índole.
Los corruptos que extorsionan y comparten pululan por doquier: las autoridades tienen pocas opciones, sin embargo, es probable que la que más les acomode sea la de hacer mutis, como que no se ve nada y listo, a recibir la parte correspondiente y desaparecer. ¿Para qué más?, nos preguntamos.
Esos personajes están en peligro, si no de extinción, sí de disminución del campo de desarrollo y su tipo de alimentación.
En el primer caso –disminución del campo de desarrollo- es porque algunos secretarios, jefes de departamento y demás personal no se prestan más a las corruptelas que manejan, y han decidido ser granates de este tipo de acciones. Han denunciado a los que piden cuotas y demás, a los que venden privilegios y nos obligan a ser igual o peor, siendo la anterior la razón más importante en la vida, sin lugar a dudas.
Y lo grave no es tanto que existan, sino que no hagan bien su trabajo: muchos de ellos lograron contratos y privilegios en servicios que presta el gobierno en cualquiera de sus tres niveles, sin embargo, su incapacidad es manifiesta: no avisaron de los cambios, lo que pone en entredicho la facultad que tienen los gerentes de pequeñas plazas para contratar lo mejor o lo que más convenga. Se van muchas veces por lo que deciden otros más arriba o al mismo nivel, pero no eligen la opción que mejores resultados ofrece, lo que significa que contratan malo, caro y deficiente, sin calidad ni garantías suficientes.
Vemos, por ejemplo, cuando se arregla una calle por contrato: hay las que siguen intocables y las que caen a trozos, lo que pone en claro que la primera opción es la que todos queremos y buscamos, siendo que la segunda no quisiéramos siquiera que exista.
Mucho dinero se pierde por estos tipos que trafican con influencias, inclusive, con amenazas de todo tipo, como suelen hacerlo.
Se han instrumentado programas y gestores, supervisiones y demás buscando transparencia en los trámites y calidad en las obras, pero parece que lago está faltando o fallando: son los mismos que antaño pelearon grupos de plazas para su gente ¿No hay quien pueda pararles ya?
Confiamos plenamente en que nuestras autoridades no se dejarán engañar por estos vividores, los “coyotes” o los que trafican con la influencia de ellos hacia ellos, o de nosotros, y confiamos en que habrá obras y servicios con la calidad que merecemos.
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