El viacrucis de las telefónicas

Si usted tiene un teléfono celular de la compañía propiedad del segundo hombre más rico del mundo, mis condolencias: acaba de entrar en la lista de los que le hacemos multimillonario a cambio de uno de los servicios más deficientes con que cuenta México, ante la complacencia de las autoridades presuntamente competentes.

Telcel se ha caracterizado por otorgar un servicio menos que malo a sus millones de usuarios. No en balde se ha ganado las críticas de distintos medios. No tiene más que llamar al *111 o al *264 en el caso de tener servicio de pre-pago, y comienza a escuchar una absurda grabación de una voz femenina que le llevará, uno a uno, por distintos menús hasta lograr su desesperación, mal humor o resignación, según sea su forma de reaccionar.

Nada más patético que le lleven de uno a otro menú sin resultados concretos, y eso lo sabrán seguramente quienes padecen un problema con la línea y no se puede resolver.

Es tal la deshumanización de estas compañías que no tienen idea siquiera de lo que siente un individuo cuando quiere resolver una duda: hay que pasar por todos los servicios que debiera prestar y que no lo hace; pero tiene sus cosas curiosas: si llama desde un teléfono fijo a su “servicio” LADA 800, no se le ocurra ir al menú que le dice que puede cambiar números frecuentes o gratuitos, porque finalmente, y luego de todas las opciones absurdas que hay que aguantar, le dirá que es necesario que haga la llamada desde el móvil donde se hará el cambio, es decir: tanto tiempo y recurso para nada.

Regresar al menú anterior es todo un viacrucis, y hablar con un asesor también: los que contesta, que malamente les llaman “ejecutivos”, denigrando el término a simples contestadores y lectores de instrucciones, son personas que no tienen más que la disciplina de los mediocres: no salen de su papelito, de su libreto y todavía, con voz aparentemente amable dicen siempre que comprenden nuestra molestia o problema, aunque no tengan capacidad para resolver nada.

Ahora bien, si usted contrató el servicio de Prodigy para navegar en Internet, también, nuestras condolencias, porque ha recibido el peor de todos los tipos de conexión a la llamada “red de redes”

Lo engañan diciendo que navega a 4 o 6 Gb de velocidad, cuando no pasan los 2Gb reales, y además, su línea está sujeta a piratería de cualquier vecino posible, que es lo más natural para ellos.

Hay horas en que es prácticamente imposible la navegación gracias al pésimo servicio del que no san hecho víctimas, y encima de todo, pagamos por ello, que es lo más inconcebible.

Lo anterior nos lleva a la deducción de que el señor Carlos Slim no tiene necesidad de usar su propia red y no lo hace, porque si tuviera curiosidad por tomar un servicio normal, en seguida seguramente pondría remedio a las mil y una anomalías con que cuenta Teléfonos de México y Telcel, que son lo mismo, pero una sin cables y ya, no hay más diferencia.

Realmente resulta ofensivo que las autoridades competentes no los metan en orden y chequen por qué están fallando y que le ofrecen realmente al cliente.

Se burlan de nosotros mientras sus cuentas bancarias se engrosan insultantemente.

Llame, hable, nunca podrá hablar con un gerente, jefe o coordinador, porque no están disponibles al público, ya que para eso están los pobres muchachos que, sin una preparación media atienden con el mote de “ejecutivos”, y que no tienen ni la más remota idea de lo que es atención al público.

Si estuviéramos en otra nación, Slim hubiera ya quebrado del pago de tantas indemnizaciones que merece por tener un servicio tan deficiente, tan malo, tan mediocre y obsoleto, pero bien presumido en el mundo entero.

Y no se le ocurra contratar servicios de telefonía internacional, porque se ponen el paliacate y comienzan con el robo en despoblado que hacen.