Treinta y tres años atrás tuve oportunidad de conocerle, o quizá treinta y dos: Don Javier De la Mora Ostos ha sido para muchos un personaje, un amigo, una persona grandiosa, y para otros, los más cercanos, el padre, abuelo y esposo que nunca tuvo de qué dar una sola queja.
Corrían los años en que se reunió un equipo de trabajo allá por Tamatán, donde se encontraban las oficinas del DIF, Fonapas y el Voluntariado, las tres “alas” que estaban a cargo de esa maravillosa dama, Doña Leticia Cárdenas de Martínez Manautou.
El DIF, como siempre, son sus programas asistenciales y la misión de fortalecer los puntos débiles de los tamaulipecos en materia de asistencia social, con su casa hogar, casa del anciano y otras acciones más. Había despensas para los que tenían problemas por heladas y sequías en el Altiplano, conocido pro nosotros como el Cuarto Distrito, así de sencillo.
En el Fondo Nacional para las Artes, FONAPAS Tamaulipas, bajo la dirección de doña Georgina Martínez de Blázquez, tuvimos oportunidad de aprender lo que es la administración de la cultura, con festivales, cursos, seminarios y muchas acciones.
La parte noble, la parte altruista fue encargada, por ende, a un hombre altruista.
Charro de toda la vida, base de una de las familias de gran tradición en la localidad, don Javier tuvo muchos amigos que departían con él en el Lienzo Charro de Tamatán, en aquellos domingos inolvidables o las noches de carnes asadas y frijoles charros, quesadillas y bebidas que acompañaron las muchas veladas de convivencia casi familiar, porque la familia charra siempre se caracterizó por eso: su gran hermandad.
Ahí conocimos a algunos de sus hijos e hijas: Gaby, Teté, Javier… estuvimos muy pendientes a través de nuestra responsabilidad periodística de todos esos acontecimientos, y supimos, por la cercanía en el trabajo, de la noble labor que desarrolló al frente del Voluntariado tamaulipeco.
Don Javier tuvo muchas anécdotas que compartimos: siempre había esos minutos para charlar y para regalar una palmada en el hombro y una sonrisa, inseparables en el trato para con los demás.
Fue un esposo cariñoso, un excelente padre, un abuelo insuperable, un gran amigo…
Muchos años tuvimos que desempeñarnos lejos de los grandes amigos cultivados en la década de los ochentas, pero los afectos que cimentaron una firme amistad y cariño no pudieron ser derribados con el tiempo.
Cuando el proyecto del Camino de Santiago, abrió nuevamente sus puertas y su corazón al proyecto, ahora en la empresa Transpais, donde laboró por muchos años. No podemos más que pensar frases y acontecimientos llenos de bondad y la muestra inequívoca de un hombre franco y sincero que se ganó a lo largo de su prolífica existencia el cariño de mucha, pero mucha gente.
El destino y el Creador nos arrebataron esta semana la dicha de poder volver a estrechar su mano o contagiarnos de su sonrisa. Hoy, don Javier ya no se encuentra físicamente con nosotros, sin embargo, en quienes tuvimos la maravillosa oportunidad de conocerle, se encontrará siempre el recuerdo del hombre, el ejecutivo, el altruista, el charro, el amigo, el ser humano que supo ganar muchos amigos.
Nos apena mucho no haber acompañado físicamente a la familia De La Mora Gómez en tan triste momento, sin embargo, ciertos estamos que ellos, uno a uno, deben sentirse orgullosos y contentos por haber compartido muchos años al hombre que Dios puso en su camino en forma directa, y del que aprendieron las más difíciles artes de la vida y el servicio a los demás.
Deja un enorme hueco en quienes le conocimos, y un gran ejemplo a seguir en las generaciones que preceden su existencia.
Descanse en paz, don Javier De la Mora Ostos.