Nuestros productos tamaulipecos

Con una modesta muestra de sus productos, habitantes de los estados de Yucatán, Chiapas y Oaxaca se presentan en nuestra ciudad para ofrecer un sinnúmero de artículos, producidos por artesanos y pequeños productores del sureste mexicano; estarán unos días en nuestra ciudad y tienen cosas que bien vale la pena conocer.
Podemos ver las vistosas artesanías de papel maché, panes típicos de aquella región, los insuperables moles y sus variedades así como productos para el organismo que se basan en la jalea real y otras cosas completamente naturales.
Es un buen esfuerzo, sin lugar a dudas, el hecho de viajar tantos kilómetros para ofrecer los productos tradicionales de nuestro lugar de origen, y sobre todo, contar con el apoyo de autoridades de cualquier nivel para hacerlo.
De todos es sabido que esta gente, artesanos en todos sentidos y disciplinas,, son gente que cuenta con un talento inimaginable pero pocos recursos, lo que no se lleva con los buenos negocios que requieren de inversiones para poder fructificar, pero hay formas para poder salir avante y tener el éxito deseado.
No se trata de chalatanería ni cosas por el estilo, dado que está bien cimentado el esfuerzo, y los apoyos que vienen por parte de autoridades del ramo industrial o turístico tienen una bese importante.
Los moles del sureste son famosos, al igual que esas figuras de papel maché llenas de coloridos y formas que semejan los animales y forma de vida de estos pueblos.
Tamaulipas tiene también en su gente muchas tradiciones y valores artesanales, comenzando por la tradicional cuera tamaulipeca y los muchos productos que se elaboran con este tipo de pieles, dando forma a vistosos llaveros, bolsas y monederos y un sinfín de elementos que conforman las artesanías tamaulipecas.
Ir a la parte sur y la zona conurbada implica disfrutar los muchos elementos marinos a base de conchas y caracolas marinas que se entrelazan para formar figuras de todo tipo, destacando esos barcos y ceniceros, los peces o sirenas, todo, formado una a una por las conchas que se extraen del litoral de nuestra entidad.
Y podemos viajar uno a uno por los municipios del estado y encontrar varias formas de expresión artística y práctica; artística, porque la forman las manos hábiles de nuestra gente, y práctica, porque tienen una utilidad, artesanal, estética o completamente útil para muchos de los destinatarios finales que, a veces, son extranjeros que aprecian lo que se hace en otros lares.
Cuántas veces no hemos tenido entere nuestras manos un llavero tampiqueño formado por una caracola que semeja la vela de un barco y las letras que nos ubican en el lugar, o los vestidos bordados que se ofrecen en las playas de nuestra tierra, formando con hilos de colores muy variados un ramo elegante de flores y motivos que engalanan los vivos y fuertes colores con que se viste la gente de la costa.
El coco, independientemente de ser de donde se extraen aceites y productos de belleza, nos regala sus conchas –o cáscaras, como quiera verlo- para formar también figuras que han sido creadas por la mano de los tamaulipecos.
Es aquí donde las autoridades de turismo e industria, insistimos, deben pugnar por aliviar la crisis que vivimos hoy en día y apoyar a esa gente que tiene ingenio pero no recursos, que tiene ganas pero no la forma de comprar lo que requiere para ser creadores.
Todo esto que mencionamos forma parte de nuestra historia artesanal y cultural, y que se enmarca lujosamente para dar cabida también a los ritmos musicales del sur, con el alegre huapango, o la zona centro con su picota, llegando hasta el árido norte donde la polka, la redova y el chotís hacen las delicias de muchos de los turistas que nos visitan.
Tenemos muchos recursos qué explotar, y voluntad de la gente que habita la tierra tamaulipeca, aunque nos está faltando ese empujoncito económico para ser autosuficientes y colaborar activa y directamente con la economía de miles de familias tamaulipecas.
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