Reynosa, Tamaulipas.- Con el mismo juego que en su momento lo llevó por azares del destino a ser candidato y diputado federal por el PAN y apoyado endeblemente en el respaldo de los grupos políticos que lo encumbraron. En la elección interna del pasado domingo su mismo partido y sus antiguos aliados políticos descarrilaron a Humberto Prieto Herrera, quien enfrentó una atronadora derrota y así pagó su arrogancia e impertinencias acumuladas durante toda la elección.
No solamente decidió por consejo de su padre José del Carmen Prieto Valenzuela desafiar a los grupos de poder dentro del PAN, si no que su juventud inexperta y arrogante lo motivó a incurrir en graves faltas de respeto y bravuconadas que solamente provocó atizar un fuego que ya amenazaba quemarlo.
A sabiendas del apoyo irrestricto que los grupos políticos panistas le daban a Aguilar Meraz, cuantas veces pudo Prieto Herrera lo tildó de “viejo y senil”, “ineficiente para dirigir el PAN”, sin tomar en cuenta que detrás de su verdugo en la elección estaban sus antiguos aliados que con prudencia aguantaron sus desplantes.
Su padre fue el responsable de su derrota y a través de su persona relegó una eventual tregua y declinación antes de una elección que hoy son los clavos de su ataúd político, nuevamente su ausencia de sensibilidad y respeto lo mantuvo en su arrogancia que para entonces era locura y decidió seguir adelante en la elección que para los grupos políticos era algo ya personal e imperativo demostrarle al diputado federal del PAN que solo no es nadie.
Así llegó la víspera de la elección, un segundo intento conciliatorio de evitar la catástrofe, pero Prieto Herrera alentado siempre por su padre, quien decidía por él y por Alberto Salinas Lara decidieron seguir hasta el final con el resultado lógico, esperado y real.
Descarrillado en su proyecto político que vendió como factible y fuerte, ahora tendrá que lidiar no solamente con el hecho de ver transcurrir el tiempo en una diputación que resta poco para concluir, lo hará solitario y abandonado sin el cobijo de ningún grupo político a quienes traicionó, ofendió y falto al respeto. Y eso para los panistas es pecado capital.


