Día de la Bandera, día de reflexiones en nuestro país, donde por más castigado que ha sido, no perdemos aún ese valor y fervor por nuestra Nación. Pese a todo.
Hemos de recordar que en México festejamos este día desde el año de 1935. Veamos un poco de sus antecedentes.
Se tiene consigna de que la bandera nace en 1821, cuando Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero proclamaron consumada la Independencia de México, mediante el ya conocido “Plan de Iguala”.
El 24 de febrero de ese año, un empleado del Banco de México llamado Benito Ramírez organizó en su hogar una guardia de honor en señal de homenaje a nuestro lábaro patrio, práctica que continúa hasta que el presidente de México Lázaro Cárdenas, en el año de 1949 decide mediante decreto que ese día -24 de febrero- sea oficialmente el Día de la Bandera.
Y ese día a muchos nos sale el fervor patrio, el amor a México; sucede como en febrero 14 o mayo 10 que nos acordamos de ese maravilloso ser en único día al año.
¿Y cómo festejar el Día de la Bandera entonces?
Aquí un paréntesis para recordar aquel lábaro patrio que ondea en la Sierra Madre Oriental, arriba del Cuartel del Batallón de Infantería y que es una “pasada” para muchos de nosotros. Igual sentimiento vivimos cuando vemos la enorme bandera que ondea en los puertos fronterizos o en el sur de la Ciudad de México, donde una impresionante y gigantesca bandera nos recuerda lo que somos.
Y qué decir de aquella gigantesca que se mece con el aire en el Zócalo del Distrito Federal, en un acto impresionante y majestuoso, cuando varios soldados participar para su izamiento.
Es aquí donde debemos reconocer y justificar nuestra acepción de “mexicanos” que amamos a México, que somos parte de esta castigada nación, donde algunos apátridas se han apoderado del control económico o de otra índole y nos están llevando a un pozo sin fondo.
Sin embargo, no han considerado que estamos en el país plenos de una identidad nacional que aún no se pierde; hoy en día todavía nos enorgullecemos de vivir y pasear en aquellas ruinas prehispánicas del sureste o el centro del país, del Golfo o de otras partes donde nuestras culturas se desarrollaron.
Y qué decir, hoy en día, de los millones de mexicanos que estamos pendientes de los juegos de un grupo de mexicanos que, en el más burdo y sucio negocio en que se ha convertido el fútbol hacen como que son nuestra Selección, y nos hacen gritar, vibrar y hasta maldecir a veces. Esa camiseta negra que dice “MEXICO” y nos llega hasta el fondo, no podemos negar que tiene que ver con la identidad que nos inculcaron los nuestros, y que se está perdiendo a pasos agigantados, porque hoy todo es Facebook y Whats App, y hemos dejado a un lado la convivencia y los principales atributos del ser humano.
Y uno de ellos es, sin duda alguna, el sentirnos mexicanos de tiempo completo, donde tenemos un compromiso con México de hacer lo mejor posible en la medida que nuestra actividad y posibilidades lo permitan.
Tenemos que aprender a rendir totalmente, a dar nuestro 105 por ciento, como dijo una vez David a aquel pequeño en Monterrey, durante un juego de basquetbol representando a Surval, su escuela.
Tenemos que aprender, en serio, a ser más mexicanos: críticos con quien nos gobierne, perder el miedo a criticar sin recibir castigo o represalias, exigir honestidad, buen gobierno, limpieza, servicios básicos: educación y salud a plenitud.
Pero para ello, será indispensable cumplir con lo que nos toca como mexicanos, porque entonces si no lo hacemos estaremos fallando a nosotros mismos, a los nuestros, y a nuestra patria, que hoy festeja a su bandera, símbolo de identidad nacional.
Tres colores fundamentales, un compromiso, un sello y un espíritu: ser “mexicanamente” honestos. Y va para todos, no solo para los que estamos en las calles: servidores, políticos, ciudadanos en general… a todos los que llevamos a México en la sangre, pues, para que se entienda,