Equidad de género

Hablar de equidad es bastante difícil, más en una sociedad como la nuestra donde las costumbres añejas aún pesan en cada hogar. El hecho de pensar que somos diferentes nos hace sentir que no hemos entendido que seres humanos de distinto sexo nos complementamos en prácticamente todas las actividades que llevaos a cabo.

Si es política, nos imponen una “cuota” del 50 por ciento en cuanto a puestos de elección popular, asignaciones y demás: la mujer debe tener los mismos cargos y puestos que el varón, cuando no estamos pensando en lo que es mejor para la Nación y que es el buscar a los mejores elementos en todos los sitios donde se tomen decisiones importantes.

No es una mujer mejor que un hombre y viceversa. Nunca ha sido así.

Sin embargo, nos empeñamos en manejar cuotas como si fuéramos obreros a destajo; llama la atención una fotografía oficial donde se reunieron miembros del gabinete estatal y específicamente del Instituto Estatal de la Mujer con diputados y diputadas de la comisión correspondiente.

De entrada, y en forma jocosa, hay en una mesa de nueve elementos tres varones y seis damas, lo que no es precisamente una cifra equitativa.

Gobernadores o gobernadoras, diputados o diputadas, para nosotros, lo que vale es la capacidad del individuo para ocupar tal o cual cargo o responsabilidad.

Sucede en medios de comunicación donde las damas han tenido un papel destacado, ganado por méritos propios, pero que son abrumante mayoría. Sucede más en las televisoras locales que en las nacionales, donde a las damas se les ubica, principalmente en las áreas de deportes, como mero objeto decorativo.

El ejemplo más burdo y claro lo vemos en la televisora que tiene el mayor porcentaje de audiencia, y donde hay tres hermosas mujeres que se emplean para decorar las escenografías: se les otorgan espacios donde tienen que salir prácticamente sin ropa, enseñando pierna o más, para ser el “atractivo” de los informativos deportivos.

No entendemos que ellas se presten, con tal de aparecer en la llamada “pantalla chica”, a estos juegos de los productores que buscan no talentos sino caras y cuerpos estéticamente formados, que tengan el valor ce enseñar para laborar.

Un ser humano, independientemente de su género, es valioso por su capacidad para desarrollar las habilidades profesionales que debe mostrar y entregar buenos resultados.

Para eso se trabaja y fuertemente.

En las escuelas vemos también que hay damas que abusan de su condición de mujeres y todavía pelean los espacios en filas de banco, en orden para presentar evaluaciones o para poder comprar algo qué comer durante los recesos.

Algunas, son muy bravas a la hora de pedir su justo medio, pero no son capaces de demostrar que es algo que no se ha ganado con el tiempo, sino que por derecho les ocupa.

No entendemos que haya que “otorgar” como dádiva un espacio pmás o menos para juntar el 50 por ciento de referencia.

¿Y la capacidad personal?

Pensemos en la posibilidad de que haya en una localidad más hombres o mujeres, y que se pretenda hacer valer la ley de equidad de género: ¿hay que dejar fuera a hombres o mujeres por haber cumplido con los números?

La capacidad del individuo no se mide por su género, sino por la forma en que se desenvuelve.

Y estas reflexiones son compartidas por mucha gente que considera que ser hombre o mujer no debe ser una ventaja: la única bien reconocida deberá ser la que tenemos para desarrollarnos, sentir y actuar.

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