Y antes de que ustedes… se puedan molestar, inconformar, o enojar por el título de esta columna, primero… la tiene que leer de “cabo a rabo”, perdón… desde su inicio hasta el final, y en esta verá, que de “ofensiva”… ¡nada tiene!, sino que fue una expresión que utilizaba mi ¡abuelo paterno!, y que después de 50 años o más de haberla oído… jamás la había utilizado, y si continúa leyendo verá el ¿por qué?
El señor Don Alfonso Zolezzi… y sí, con el señor, y el Don por delante, porque mi abuelo paterno… fue un señor, y un Don, que hoy ya no hay… un gran señor, un excelente padre, y más… a la hora de atender a sus nietos.
Y me acuerdo con mucho cariño y mucho respeto de mi abuelo… ¡hombre grande!, que con sus frases, y sus acciones, a todos sus nietos que vio… ¡educó!, y volviendo al título de la columna, cuando iba a su rancho, ¡nos invitaba!, expresando…
Vamos a ver “a mis… muchachas”, y los que no lo habían oído con anterioridad, preguntaban… ¿a quién abuelo?, y era pregunta válida, porque la única muchacha que conocíamos, era a… ¡mi abuela!, que algún día le platicaré de ella, y donde el respeto y admiración para la señora Doña Magdalena… era el mismo que para Don Alfonso.
Sí, vamos a ver a “mis… ¡muchachas!”, a… ¡mis vaquitas!, ya que déjeme decirle que a diferencia de un servidor… mi abuelo Don Alfonso, era ¡ganadero!, y a mucha honra y con mucho orgullo, además de haber tenido una… ¡lechería!, donde también tenía a sus ¡muchachas!
Y para mi abuelo… era una expresión de honor y de orgullo, llamarle a sus vaquitas, o “vacotas”, por grandes estar… “¡mis muchachas!”, y viene a colación, por la ganadería en el norte de Tamaulipas, estar en “punto de extinción”, sino que ya ¡extinta! está… y por lo cual hay que preservar este tipo de ¡picardía mexicana!, y en estos tiempos de “comunicación”, un servidor, afortunadamente… ¡recordé la expresión de mi abuelo!
“Mis… ¡muchachas!”, y lo recordé al aire, en el radio y la televisión… y aquí en la comunicación escrita, tenía que plasmar… y aunque usted sabe que siembro el maíz, y el sorgo, pues… ¡muchachos! son.
Pero no, no, y no… porque antes de ser maíz y sorgo, son… las ¡plantitas!, por ahorita “chiquitas” estar… y al relacionar ¡la plantita!, el sábado al rancho me fui a ver a “¡mis… muchachas!”
Y ve que gracias a la ¡comunicación!, un título que pudo leerse como… ¡ofensivo!, nada de ¡ofensivo! tuvo… al contrario, me regresó a recordar a la ¡familia!, núcleo, que podría volver a ser el que… ¡integre a nuestra cambiante y moderna sociedad!, y donde la función principal y más importante de un “comunicador” es… ¡entender a la sociedad!
Sociedad… que ¡evoluciona! día con día, y si la comunicación no evoluciona al igual, entonces el “comunicador”… no podrá entender a la sociedad, y es un gran reto para quienes somos o queremos ser… ¡comunicadores!, en esta cambiante época que nos toca vivir… y donde las vivencias del pasado, porque ya ve lo que dice el dicho… “la historia se repite”, pueden ser la parte integradora de la ¡evolución! que vivimos… y que seguiremos viviendo ante lo cambiante de la tecnología moderna…
El sábado se celebró… ¡el Día de la Familia Mexicana!, y recordando a mi abuelo… celebro tan necesario y significativo día… ya que “aunque la estructura nuclear (de núcleo, y no de tecnología moderna) es la más adecuada para que una ¡familia funcione!, por sí sola… no lo garantiza, pues (desafortunadamente) todo depende de los individuos que conforman la familia”…
Y en este mundo evolutivo… “una familia armoniosa no necesariamente está constituida por padre, madre e hijos”, y luego ¡nietos!, y donde hoy, hasta la Iglesia reconoce que… “a veces las separación de los cónyuges es ¡legítima!”, refiriéndose al “divorcio”, pero sin tocar la pareja homosexual… y donde los expertos en el tema, señalan que… “una pareja homosexual, puede ser tan funcional, o disfuncional… y al igual que una pareja heterosexual”.
¡Sociedad evolutiva!, que necesita la ¡comunicación evolutiva!, y usted sabe que a un servidor le gusta comunicar sobre… ¡mi familia!, y donde hasta regañado he sido, por expresarme, y a lo mejor por demás… pero ¡no, no, y no!, nunca demás de mi nieto Nicolás Enrique… ya que quiérase o no, es el mejor legado que los padres podemos dejar a nuestra… ¡sociedad!, ya que es la continuación de la misma ¡familia!
Hoy, la mujer… sí, ¡la mujer lleva sobre sus hombros el 22.3 % de las familias mexicanas!, y al plasmar el título de esta columna… sólo refrendo, mi absoluto respeto para la… ¡mujer mexicana!, mujer, que hoy ha evolucionado, y ha tomado la ¡responsabilidad absoluta! de llevar a México… al futuro y al progreso.
Y claro que preguntará usted… ¿y sus muchachas?, y le puedo decir que ¡las plantitas! de sorgo y de maíz… ¡hermosas están!, y un servidor, ¡dándoles de comer!, fertilizándolas para que también puedan contribuir con la… ¡alimentación del pueblo de México!, y del rancho regresé… contento y orgulloso, y al igual que mi abuelo, de “mis… ¡muchachas!”
Nos vemos el miércoles…
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