¿Y la equidad de género?

Preocupantemente llama la atención el hecho de que en el Congreso de Tamaulipas se haya anunciado y aprobado que los nombres de distinguidas tamaulipecas que han ocupado alguna curul serán instalados en el muro donde los personajes más brillantes de nuestra historia son reconocidos.
Vamos: aclaramos por principio de cuentas que somos de la idea de que las damas merecen todos los lugares y reconocimientos del mundo, que son imprescindibles, sin embargo, no podemos concebir el mundo sin ellas… aunque tampoco sin ellos.
Hay tamaulipecas brillantes que merecen reconocimientos de esa naturaleza: Altair Tejeda de Tamez es un claro ejemplo de la brillantez de una vida dedicada al arte y la cultura; doña Amalia G. De Castillo Ledón, o la profesora Estefanía Castañeda Núñez de Cáceres también nos demuestran que ha habido damas que merecen no uno sino varios homenajes.
Sin embargo, por el hecho de haber sido diputadas, que se quiera instalar su nombre con letras de oro, nos parece más una medida populista y poco congruente con la actualidad que un reconocimiento a las mujeres.
Sabemos que la ley de equidad de género nos obliga a ubicar hombres y mujeres en puestos de todo tipo al 50 y 50 por ciento, en una acción totalmente ilógica, porque no es prudente pensar que haya igual número de brillantes de uno y otro sexo en todas las actividades del mundo.
Hay algunas en las que la mujer brilla más que el sol, pero otras, y hay que reconocerlo, en que quien brilla más es un varón. Insistimos: hoy en día hay oportunidades para que ellos y ellas puedan ser lo que son, puedan brillar y más, pero la propuesta de la actual legislatura, sencillamente suponemos que no fue bien consensada, y los votos fueron tomados más por un “qué dirán los demás” por parte de los legisladores que por una razón de peso.
Imaginamos a cualquiera de ellos pensando: “si voto en contra, no me las voy a quitar de encima, o sea: no me la voy a acabar”. Esos pensamientos no caben en un representante popular, y entendemos que quieran ser condescendientes con lo que se hace, pero insistimos: no hay una totalidad de legisladoras que merezcan tal honor.
Las hay que llegaron por méritos propios; otras, porque son o fueron dirigentes de alguna central obrera, campesina o popular, sector femenino o sindicato cualquiera; mujeres que llegaron por compadrazgos y que estuvieron cobrando como diputadas durante tres años sin aportar nada al progreso y a las leyes tamaulipecas.
Otras que participaron muchas veces y permitieron a los diputados varones entender muchas cosas que habían pasado por alto; unas más, propusieron leyes que hoy nos rigen.
A lo que vamos: hay legisladoras brillantes, pero no todas: hay doctoras excelentes, pero algunas inhumanas, o pensemos que hay secretarias eficientes a más no poder, aunque hay las conformistas y pusilánimes.
De todo hay, en la viña del señor, pues.
Un Talmud judío, excelso en su contenido y profundidad, reza lo siguiente: “Mujer, fuiste creada de la costilla del hombre, no de su cabeza para superarlo, ni de sus pies para ser pisoteada. Fuiste hecha de su costado para ser su igual, debajo de su brazo para ser protegida, y muy cerca de su corazón, para ser amada”.
Hay que entender y juzgar las cosas por lo que son, y no tomar la presente opinión como un ataque de género: somos tan importantes nosotros como vosotras, y para muestra, remontémonos a la historia del hombre según la religión: venimos de Adán y Eva: hombre y mujer. Ni solo hombre, ni solo mujer, sino de ambos.
Y una madre es determinante, pero requiere el hijo o hija también del padre. Un hermano es tan valioso como una hermana, y un diputado puede llegar a ser muy competente como una legisladora.
El paso siguiente es y será tomar con prudencia las propuestas de ciertos diputados que en un afán populista quieren allegarse simpatías con medidas poco justas, pues.
Porque, entonces, habrá que anotar el nombre de TODOS los diputados en la historia del Congreso tamaulipeco, en un alarde de equidad y justicia, ¿no cree usted?
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