Para Pablo Arguello Castillo, jefe del departamento de servicios regionales de la Secretaría de Educación en Tamaulipas, allá por Tampico, el problema del “playazo” se arregla con una restricción a los jóvenes para que asistan, y no escatima en culpar a otras instancias y salvar su reputación educativa.
Nada más poco acertado que esta declaración, porque el funcionario exime de culpa a su sector, o así parece en la información que publica el portal que más aceptación tiene en la entidad; dice que se está desalentando la participación de chicos de primaria y secundaria, haciendo notar que ya estaba convirtiéndose en problema mayor al haber muchachos de educación básica, o sea, los niños de primaria.
O sea: los alumnos de mi sector están fuera: no sé los demás.
Culpa a los jóvenes de nivel bachillerato y superior, a los que llama “universidad” de ser los protagonistas de un evento que, si bien es cierto que se ha convertido en una tradición, también todos sabemos que en el mismo se cometen excesos de diversa índole que no son precisamente lo mejor.
Alcohol en forma desmedida en su consumo, actividad sexual desenfrenada, música estridente y un conglomerado de gente que en forma multitudinaria abarrotan nuestras playas, y que tiene sus puntos buenos… y malos.
Los buenos son, en definitiva, la enorme cantidad de visitantes que hay en Tampico y Madero, La Pesca, Playa Bagdad –irremediablemente llamada hoy azul- y Barra del Tordo como puntos principales.
Sabemos los que conocemos este tipo de actividad que hay abusos al por mayor, y sabemos los riesgos que implica.
Una gran cantidad de dinero llega a estos lugares por diversos rubros, y que para la región subsana muchas carencias: la economía se alimenta con muchos recursos provenientes de muchas partes.
Pero claro, hay excesos y éstos no son buenos, y todos lo entendemos.
Lo que no nos parece adecuado es que el funcionario Arguello Castillo salve su culpa –así parece hacerlo- y diga que “sus” alumnos, es decir, los de su sector, no participan, porque de todos es sabido que hay gente de todas edades.
Difícilmente habrá chicos de primaria porque no se mandan solos y requieren de permisos paternales para asistir, aunque hay los que se escapan y hacen de las suyas. Pero el grueso de los que asisten son muchachos cuyas edades sobrepasan los 18 años.
¿Qué hacer?
Los padres t4enemos mucha responsabilidad y es principalmente lo que tenemos que reconocer: si no ajustamos la conducta de los hijos, si no les ayudamos a entender muchas cosas, no podemos dejar a las autoridades –de cualquier nivel- a que lo hagan y sustituir la misión de padre que tenemos todos y todas.
Pero de ahí a que se lave alguien las manos, no nos cabe en la cabeza esa idea.
El asunto hay que enfrentarlo en la medida de lo que es: con sus pros y sus contras, y saber atender la problemática que implica, sacar jugo a sus ventajas, y entonces, procurar que haya muchos visitantes, mucho dinero fresco a los municipios involucrados, y que no haya desgracias, que los muchachos entiendan su rol en este tipo de diversiones, y que la tranquilidad esté siempre presente.
Funcionarios, padres de familia, maestros, autoridades… todos debemos asumir el rol que nos pertenece y evitar que esta Semana Santa sea de desgracias. Procurar la diversión porque no se puede parar esa inercia, pero responsablemente tener vistas las acciones que hay que llevar a cabo.
Lo ideal sería contar con una sana y buena diversión, dentro de los cauces que cada quien imprime a su vida y su familia, lo ideal sería que todo fuera positivo, pero hay que prepararnos para que nuestros hijos entiendan la magnitud de una acción negativa… o disfruten de las que consideran adecuadas para su edad y situación que viven.
Echar culpas a otros, lavar culpas o evadirlas no es de personas congruentes, pues.
Comentarios: [email protected]