El Respeto a los demás

A propósito del día feriado de este lunes, que, sinceramente, no tiene nada que ver, recordamos al Benemérito de las Américas Benito Juárez García.

Decíamos que no viene al caso perder un día de productividad, porque el día que se conmemora su natalicio es el 21 y este año será en viernes, por lo que el ofrecer un día de asueto nos parece ridículo cuando se pueden hacer muchas cosas por hacer crecer a México.

El caso es que don Benito Juárez inmortalizó la frase “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, siendo la más famosa de sus expresiones: en todo el mundo aplica y no hay más que aprender a respetar los derechos de los demás como premisa fundamental para alcanzar la paz y la concordia.

Dicen algunos que cuando se pierde el respeto vienen los conflictos, los sinsabores y las guerras por consiguiente; un claro ejemplo lo tenemos a diario con los vecinos del país del norte, cuya falta de respeto nos lleva a padecer un sinnúmero de guerras y conflictos mundiales.

Pero el respeto se otorga en las actitudes más sencillas de la vida: cuando un servidor público, un comerciante o un prestador de servicios no respeta los derechos de los demás, por más leyes que propicien la equidad de género, el respeto a los niños o los adultos mayores, o simplemente, por más que exista la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, no servirá de nada.

Y hay derechos básicos, como el derecho a disponer de nuestro tiempo en la medida que consideremos pertinente y nos convenga.

No tiene derecho un secretario particular de algún servidor público a hacernos esperar por horas una “audiencia” para decirnos horas –si, horas- más tarde: “vente la semana próxima”, o que no nos quieran tomar una llamada telefónica, práctica muy común en esa clase de personas que hoy ocupan cargos importantes y se han mareado.

Seguramente nunca bailarían siquiera un danzón con armonía porque caerían del pequeño ladrillo en que se practicaba.

No es justo, sinceramente, esperar horas a pasar a una consulta médica porque los doctores no llegan a las instituciones públicas a tiempo o a sus consultorios, donde no reclamamos porque pagamos, cuando debiera ser al revés.

No es justo disponer de la forma de pensar de los demás y coartar la libertad de expresarnos en ámbitos políticos, sociales, religiosos o deportivos, por citar solo algunos.

Todos tenemos derecho a expresarnos y a ser respetados siempre y cuando no incurramos en la diatriba, el insulto o la falta de respeto por los que nos rodean.

No va por ahí, y Juárez lo dijo muy enfático: quien respeta a los individuos y las naciones vive en paz. Así de claro.

Jugar con las necesidades de la sociedad es faltarle al respeto, y esas faltas se pagan muy caras: ya sucedió en una ocasión en el país que las faltas de respeto a los mexicanos se pagaron con votos en contra, y puede suceder en cualquier momento, en cualquier estado y en cualquier municipio.

Ya no son los tiempos de antaño: ya no aguantamos tan fácil los insultos y los menosprecios de la gente. Hoy, los mexicanos tenemos otra forma de pensar muy distinta a los tiempos en que se jugaba con la dignidad de todos. Hoy somos distintos, aunque a veces nos gana la forma pusilánime de actuar y todavía nos dejamos pisotear por “servidores públicos” que no entendieron que su jefe los puso para servir y no para sentirse absolutos o divinos.

Son tan mortales como cualquiera de los que habitamos la Tierra y el estado tan maravilloso como el nuestro, y no merecemos que nos lleven con malos modos o que no reciban siquiera a un ciudadano, coartando su derecho a la audiencia.

Hay excepciones, claro, y algunos son excelentes funcionarios y servidores públicos, pero otros… de plano… deberían despedirlos por prepotentes y no cumplir con su función.