Corazòn del cielo

Los representantes de las siete zonas pastorales de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, reunidos en nuestra asamblea anual, en comunión con nuestros Obispos Felipe y Enrique, y en memoria de nuestro querido jTatic Samuel, nos propusimos como objetivo: “A la luz de la palabra de Dios, del Magisterio de la Iglesia y de las opciones diocesanas, profundizar y fortalecer la teología, la espiritualidad y el quehacer pastoral que nos ayude a vivir nuestro compromiso en el cuidado y defensa de nuestra madre tierra y del cosmos, para una evangelización que dé vida plena a nuestros pueblos.”

Durante estos días analizamos las causas reales de la agonía que está sufriendo nuestra madre tierra, que constatamos a diario en: la contaminación del medio ambiente, aumento de basura, deforestación, erosión, destrucción de cerros, contaminación de manantiales y ríos, escasez y poco cuidado del agua, uso indiscriminado de agroquímicos, pérdida de respeto a la madre tierra. En nuestras ciudades, pueblos, barrios y comunidades vemos como consecuencia un aumento de la pobreza, migración y expulsión en búsqueda de trabajo, aumento y aparición de nuevas enfermedades, despojo de tierras y el aumento de catástrofes que afectan principalmente a los más pobres.

El texto es parte del documento que permanece en el portal de la diócesis de SCLC y firmado por los dignatarios de la iglesia Felipe Arizmendi Esquivel, Francisco Javier Reyes, Armando Barrón Peralta y María Elena Carrizales Arredondo quienes afirman que: Ante esta realidad que atenta contra la vida y la dignidad de nuestros pueblos, hemos decidido, a la luz de nuestra fe en Dios creador del cielo y de la tierra, llamado en nuestros pueblos mayas Corazón del Cielo y Corazón de la Tierra, tomar como opción diocesana una pastoral comprometida con el cuidado, defensa y promoción de nuestra Madre Tierra como casa de todos, como parte integral de nuestra opción por los pobres.

Por ello, como Asamblea Diocesana nos pronunciamos: – Por el respeto a los territorios de los pueblos originarios que habitamos estas tierras; – Por una forma de entender la naturaleza en la que los seres humanos no somos los dueños, sino que formamos parte de ella. Retomamos así nuestra cosmovisión indígena en relación con la naturaleza, con la que hemos vivido desde siempre en comunión profunda. La Tierra la hemos sentido como nuestra madre, pues nos da de comer y de beber. Es parte esencial de nuestra identidad y de nuestra cultura.

Denunciamos: – El uso de los recursos de la nación para impulsar proyectos de empresas transnacionales. – La falsa política ambientalista que se nos está presentando, desde la COP16 celebrada en Cancún, en la que los acuerdos tomados significan, en la práctica, el secuestro de nuestros territorios como mercancía para “mitigar” los efectos del cambio climático y permitir que continúe un modelo de desarrollo que rechaza reducir emisiones contaminantes.

– Los efectos nocivos de los proyectos de ciudades y villas rurales que inciden en un cambio cultural y el abandono de la producción de alimentos, en función de privilegiar monocultivos en favor de la industria. – La amenaza latente que representan las concesiones para explotación minera que, aunque se han detenido temporalmente, pueden reactivarse de un momento a otro, pues no se han clausurado de manera definitiva. – El riesgo que representa para nuestras semillas nativas la aceptación de cultivos transgénicos y la actitud ambigua de funcionarios y dependencias gubernamentales ante las empresas.

Por todo lo anterior, exhortamos: – A la comunidad católica, hombres y mujeres de buena voluntad y de otras confesiones religiosas, a sumarse a esta causa, revisando nuestros modos de vida, buscando que estén en armonía con la naturaleza y que hagan un uso moderado de los recursos. – A las comunidades y ejidos de nuestro Estado y a las organizaciones de la sociedad civil, a construir la unidad y recuperar la inspiración original de nuestras luchas, para seguir cuidando y defendiendo nuestros territorios y recursos naturales, y a rechazar aquellos programas, proyectos y prácticas que atentan contra nuestra dignidad y causan destrucción a nuestra madre tierra.

– Al Gobierno estatal y al Congreso del Estado a que, escuchando la voz de las comunidades indígenas y campesinas, y en respeto a los “Acuerdos de San Andrés”, promuevan los decretos y leyes pertinentes para proteger la rica biodiversidad, los recursos y el territorio de nuestro Estado, así como las semillas nativas, que representan el patrimonio milenario de nuestras culturas. Tenemos ya ejemplos en las legislaciones de otros Estados del país que han garantizado la no siembra de semillas transgénicas en su territorio. Hasta aquí parte del texto que puede estar fuera de lugar para algunos pero que quise compartir para tratar de comprender las razones del compromiso eclesiástico con los indios.

Pero SCLC no es sólo religión ya que el Centro Cultural de Los Altos de Chiapas está alojado en lo que fuera el viejo edificio del convento de Santo Domingo, este lugar exhibe una interesante visión de los aspectos históricos más relevantes de la vida de la ciudad, mostrando objetos e imágenes que la ilustran. Cuenta también con exposiciones temporales y en la planta baja es recomendable visitar el taller San Jolobil, fundado por mujeres indígenas tzeltales y tzotziles, donde podrá admirar una rica variedad de textiles y bellos tejidos realizados por estas extraordinarias artesanas. Considerada la capital cultural de los chiapanecos, esta ciudad mágica es sede de prestigiados centros educativos entre los que destacan la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH).

El Museo del Ámbar ubicado temporalmente en lo que fue el convento de la Merced, exhibe piezas talladas en ámbar, la gema más característica de Chiapas y el Museo Sergio Castro donde se exponen más de noventa trajes originales de colorida artesanía de los telares y tejidos de las indumentarias de uso habitual y ceremonial de los indígenas tzotziles, tojolabales y lacandones. Cuenta con una colección de instrumentos musicales, fabricados y de uso actual por los indígenas de los Altos de Chiapas. Se localiza en la Calle Guadalupe Victoria 47.

Los restaurantes de SCLC invitan a saborear los platillos tradicionales, consecuencia del encuentro de dos culturas: indígena y española. Ejemplo de esta podemos mencionar, los jamones y embutidos, parte sustancial de la cocina local, chalupas coletas, tamales de azafrán, sopa de pan asado coleta, atole de granillo y el posh que es una típica bebida de la región, que es considerada por los indígenas como sagrada. No hay que olvidar que siendo San Cristóbal una ciudad muy atractiva para los visitantes de todas partes del mundo aquí también podemos encontrar una gran diversidad de platillos de talla internacional como son la comida italiana, tailandesa, hindú, china y la clásica vegetariana.