Cuerudo… hasta las cachas

Esos que no tienen idea de lo que se siente ser parte de una hermosa localidad del noreste mexicano no tienen idea de lo que se han perdido: el Centro Cultural Tamaulipas nos regaló quizá el mejor espectáculo del año, y de muchos más.
Alejandro Etienne Llano y Katya Salinas de Etienne encabezaron la lista de victorenses, distinguidos y no, que, como parte de nuestra comunidad se entrelazaron al homenaje que se rindió por parte de la comunidad cultural, en esta ocasión, coordinada por el ingeniero Cavazos, regalándonos un magistral concierto de versiones a la música y la poesía dedicada en gran parte a Victoria, aquella tierra que Lupita González inmortalizó diciendo “Quiero a Victoria Chiquita, no quiero verla crecer…”, o que el profesor Arreola retrató “llevando en su alforja ilusiones y más”.
La Victoria de todos nosotros fue homenajeada por Tulicarmen, por Ada Verónica, por el maestro Tomás y sus huapangueritos, por los músicos del falleciente pero inolvidable Conjunto Típico Tamaulipeco, o por los muchachos de los grupos de danza que nos hicieron vibrar, paso a paso, acorde a acorde, los huapangos dedicados a nuestra ciudad.
Estuvo ahí en pensamiento y alma el profesor Francisco Flores, inolvidable victorense que dejó como legado una de las más hermosas poesías musicalizadas para la tierra del cuerudo.
Estuvo también presente Gil Aguilar Barrón a través de Gil Aguilar Cuesta, recibiendo un emotivo reconocimiento, o Martín Jaime López y Ludivina Nieto,. Quienes a diario nos hacen sentir la sangre tamaulipeca en sus programas radiofónicos.
En primera fila –literal-, el profe Eduardo Javier Fuentes Acevedo, con sus emotivos gritos y vivas para los homenajeados: hermanos Quintana, hermanos Calderón y muchos más.
Fue una noche mágica, que compartimos con poco más de mil almas amantes de Victoria, en donde Héctor Saldívar y Marisa Avilés Arreola, entre muchos otros, nos dieron una pincelada del arte de declamar esos versos dedicados al terruño que descansa a diario junto a la Sierra Madre Oriental.
El violín y el contrabajo, el bajo y el acordeón estuvieron ahí, resaltando el día especial para los cuerudos de corazón.
Alejandro Etienne, en su papel de representante y gobernante de todos nosotros, subió para regalarnos unas muy sinceras, emotivas y sencillas palabras, mismas que se recibieron con el corazón de cada uno de los que, posterior a éstas, entregamos con las palmas el sentimiento nacido del corazón cuerudo de cada uno de nosotros, de los que amamos esta tierra y sentimos parte de nuestro corazón dentro de cada una de sus calles y arboledas, comenzando por la de la avenida Francisco I. Madero: el único e inolvidable “diecisiete”, o del Paseo Méndez. De cada uno de nuestros rincones.
Aniversario o capitalidad, fundación o declaratoria de ciudad o capital: no importa el pretexto, lo que valió fue que nos unimos en un concierto que fue llevado magistralmente por Armando Cavazos y sus artistas: versiones a piano i violín de las piezas inolvidables; niños que llevan ya dentro el “virus” cuerudo gracias a Tomás Gómez y su esfuerzo cotidiano a través de los ritmos huastecos que nos ofrecieron, realmente, el mejor de los recitales.
Insistimos: esos que se sintieron grandes para estar entre nosotros, se han perdido el mejor de los eventos en el mejor de nuestros escenarios.
Eso es lo que necesitamos: fortalecer nuestras raíces.
Gracias a Alejandro nuestro alcalde, a Katya su esposa, a Laura Casamitjana, a quienes manejan la cultura y que nos entregaron parte de lo que es nuestra vida y nuestro corazón cuerudo.
Es por eso que, muchos de nosotros, ante la situación que hemos vivido y lo que ha significado Victoria en nuestra existencia, vivimos siendo, simplemente, cuerudos, ¡hasta las cachas!
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