Vienen tiempos difíciles según los que saben de estas cosas: los intensos calores vividos en este fin de semana e inicio de la actual nos hablan de una temporada muy crítica en cuanto a temperaturas se refiere: más de 40 grados será el común denominador en primavera y verano, por lo que hay que tomar muchas medidas precautorias.
No hay presupuesto que alcance a cubrir las necesidades básicas; es donde necesitamos toda la fuerza de los legisladores federales y locales, de autoridades estatales y municipales y de fuerzas vivas y grupos sociales para presionar a las autoridades de la Comisión Federal de Electricidad y el gobierno federal para que reconsideren las tarifas de energía eléctrica.
Deben entender que para los que vivimos en el norte de México, con los cambios climáticos que experimentamos a diario, no es un lujo vivir con aparatos de aire acondicionado, y en oficinas y centros de salud tampoco significa un gasto superfluo, porque las temperaturas no nos permiten descansar ni rendir como debiéramos en las labores diarias.
Es algo justo, necesario, algo que se requiere, y que, insistimos, nada tiene que ver con lujos o algo por el estilo: es urgente atender este problema.
Pueden decirnos que hay ahorro con el horario de verano, que la macroeconomía ha cambiado mucho y mil cosas más, pero lo cierto es que, al acostarnos y mantener mojada la cama por el sudor que emana de cuerpos calientes afectados por las temperaturas no son nada gratos, y tampoco tienen que ver con una política adecuada en los niveles que se maneja.
Urge, realmente, atender este que se convierte en un grave problema para el norte de México, y específicamente, para nuestra querida entidad.
Y el otro problema que se avecina: la falta de agua, el vital líquido, que nada tiene de culpa como se hace pensar, la dependencia administradora, aunque sí una gran responsabilidad en la distribución equitativa. Decía un viejo amigo que laboró ahí: “si el agua se fabricara, créeme que ya hubiéramos comprado la máquina para hacerlo, pero no, hay que buscarla, perforar pozos, encontrar fuentes de abastecimiento”.
Hay gente que ni la mínima idea tiene de lo que es cuidar el agua y desperdicia no solo en jardines, que podríamos pensar, son necesarios, sin embargo, en una localidad donde hay carencias significativas al respecto, se convierte en un crimen el desperdicio de agua en todos sentidos.
Hay colonias que no saben lo que es tener agua en sus tuberías, y debemos entender también que en ocasiones, la gravedad evita que haya abasto: el agua corre por gravedad, y si las colonias se ubicaron en partes demasiado elevadas, tendrán siempre el problema del abasto adecuado.
Y eso, hay que entenderlo, no es culpa de la COMAPA sino de quienes se instalaron en estos sitios, y quienes autorizaron la construcción de estos asentamientos humanos.
Se debe administrar el agua, pero no se puede hacer magia, hay que dejarlo claro.
Entonces, a los que vivimos en Victoria y otros municipios no nos queda más que entender que debemos ser solidarios y ajustarnos al gasto mínimo necesario, cuidar el líquido, entender a las autoridades y exigirles que haya una distribución adecuada y equitativa, en la medida que las posibilidades lo permitan.
El estiaje es un grave problema producto de la falta de agua, así de claro, y como decía don Antonio, ésta no se fabrica, así que no nos queda más que cuidarla.
Sí queremos insistir en la necesidad de pedir a quienes tienen forma de hacerlo, la gestión para que las tarifas se ajusten a las necesidades de una población que sufre de calor, que batalla a diario con la crisis económica propiciada por malas decisiones oficiales y una recesión mundial, pero que nos afecta más en el bolsillo a los padres de familia.
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